Crisis del relato neoliberal.

Los momentos de crisis económica, social y cultural que se viven en varios puntos del mundo están dejando en evidencia que es necesaria la realización de modificaciones y nuevas configuraciones en el sistema económico global o, aunque sea, seguir construyendo una respuesta a nivel regional frente a un modelo neoliberal que, pese a estar herido de muerte, sigue organizando sentidos alrededor del globo.
Un fantasma recorre Europa y EEUU
La profundización de la recesión, los cortes presupuestales a programas sociales y laborales en Europa y EEUU, son una muestra ineludible de que el esquema económico imperante en los países centrales y algunos fuera de esa órbita como Chile ha tocado su límite. La respuesta social a este techo que ha tocado el neo-liberalismo es un crecimiento exponencial en las movilizaciones en el llano. En lugares que eran caracterizados hace no mucho tiempo por su aparente paz social.
Las movilizaciones e incidentes que se han vivido en varias ciudades del Reino Unido son una clara muestra del fracaso social, económico y cultural que han dejado décadas de abandono estatal en materia de protección. La política económica iniciada por el gobierno de Margaret Thatcher en 1979, que destruyó uno de los Estados de Bienestar más sólidos y completos que hayan existido, no ha sido trastocada en profundidad, más allá de algunos cambios cosméticos basados en superficiales transferencias de recursos a las bases socio-económicas realizadas durante los primeros años de la gestión Blair. El tan pregonado “Nuevo Laborismo”, hijo prodigo de la “Tercera Vía” de Anthony Giddens, terminó siendo fagocitado por un neo-liberalismo que a pesar de los problemas que ya generaba, como la gradual pero constante precarización existencial de las clases medias y populares, aun gozaba de buena salud por ese entonces. La humeante Tercera Vía adoptada por los laboristas británicos, y la socialdemocracia europea en general, fue un instrumento legitimador del libre accionar del mercado sobre la sociedad que, a la vez, profundizó la derrota cultural de la izquierda y cualquier pensamiento progresista en el mundo “desarrollado”.
Hay un factor clave que ató a la Unión Europea al paradigma de la desregulación económico-social y la reducción constante de la inversión pública: el Tratado de Maastricht firmado en 1992. En ese encuentro, en el cual se sentaron las bases políticas y económicas para la unificación de todos los pactos precedentes entre los países de Europa occidental, los gobiernos del viejo continente se comprometieron a respetar una serie de parámetros fiscales como, por ejemplo, establecer los deficits que surjan en sus respectivos presupuestos en un límite del 3%. Ese hecho, como se menciona y desarrolla con más profundidad aquí, es fundamental a la hora de entender la obcecación de los países europeos por ajustar indiscriminadamente en momentos de crisis económica. La clase política europea es rehén de sus propios intereses y los de una enorme clase financiera que crecido al calor del tan mentado boom europeo durante los 80’s y los 90’s. Una burbuja que se acentuó a partir de la mistificación de la ortodoxia neo-liberal como política económica a seguir a partir de dicho tratado. Más allá de que Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, políticos fuertemente alineados con la clase financiera europea, estén diciendo por lo bajo de que hay que reactivar gradualmente al Estado como herramienta de contención social, no parece que tengan mucho margen de maniobra ni la voluntad política suficiente para poner en practica sus esbozos tímidamente orientados a otorgarle más facultades social y económicamente protectoras. A menos que las movilizaciones y estallidos sociales en Grecia, España, Reino Unido, etc. finalmente se canalicen en un hipotético marco ampliado de acción política a nivel institucional que incluya mas o menos en forma activa a los sectores vulnerabilizados en la toma de decisiones o al menos se sientan parte de ellas, la situación en UE parece ser un callejón sin salida. Un gran fragmento del fin del relato neo-liberal y la consolidación de cierta tendencia hacia una hipotética multipolaridad económica encabezada por China que tanto se teme en los puntos neuralgicos del poder estadounidense.
En EEUU las condiciones hegemónicas de las fuerzas del mercado cada vez son más puestas en duda por una porción creciente e la sociedad de aquel país. Durante los últimos años, han generalizado manifestaciones varios sectores (empleados públicos, inmigrantes, precarizados, desempleados crónicos, pequeños ahorristas, etc.) que no quieren seguir viendo como se deterioran sus condiciones de vida. Sin embargo, Obama, esa esperanza de la renovación política, a más de dos años de haber asumido, no sabe cómo o no quiere poner un freno a la acción voraz del establishment financiero-industrial y militar que posee el verdadero poder en ese país desde los primeros años de la posguerra. Se heredó una deuda de proporciones gigantescas por parte de Bush II y los demócratas no saben que salida tomar. Cualquier solución, aunque sea temporal, a su crisis de deuda es condicionada por los imperativos del Partido Republicano que enfáticamente defienden a las grandes empresas evitándoles medidas fiscales que pretendan que paguen más de lo que actualmente contribuyen. El lobby financiero/industrial/militar otra vez juega fuerte; se corrió tanto para la ortodoxia económica la discusión entre ambos partidos en el congreso que en materia de evitar agrandar los números rojos todo se redujo a ajustar mucho o poco menos que mucho. No se vislumbra ninguna solución que vaya mas allá de seguir pateando hacia adelante la pelota de la deuda.
La cuestión chilena y la postura de UNASUR respecto a la tormenta global.
En Chile, país considerado como “modelo a seguir” por cierto lobby económico-político y mediático de la región, también se están registrando grandes oposiciones a la marcha económica a partir de las cada vez más generalizadas protestas estudiantiles contra el sistema educativo de aquel país, caracterizado por tener un fuerte sesgo desregulador de la educación, en donde el poder público ha entregado en bandeja de plata a la misma transformándola en un negocio. Un lucrativo negocio que esta en manos de una plutocracia instalada en el actual gobierno de Sebastian Piñera (así como también mas de un pez gordo de la Concertación participa en el kiosko). Este paradigma educativo chileno ha dejado a un tendal de estudiantes y familias de clase media y popular endeudados. Aun habiendo terminado sus carreras, sus primeros años en el precarizado mercado laboral los dedican más que nada a cancelar las deudas contraídas con un sistema educativo-universitario en donde hay que pagar hasta en la universidad pública. Las marchas en las que han participado estudiantes y familias de amplias capas sociales han puesto en tela de juicio, por primera vez, no solo a la forma en la que se ve la educación desde las clases dirigentes y económicas, sino a una columna vital del modelo económico que viene gestándose desde los años de Pinochet. Más allá de la construcción mediática que hacen los medios en aquel país. Los cuales hablan de tan solo una demanda de livianas reformas en la materia.
Frente a esta dinámica socialmente efervescente e inestable en lo económico que parece presagiar cambios en el mapa social, económico y cultural mundial. Donde vemos también que viejas instituciones económicas como el FMI están bajo duda a causa de su insistencia en seguir asesorando países en situación económica vulnerable con las mismas recetas de ajuste, se hace más necesaria que nunca la coordinación y aplicación de medidas anti-cíclicas regionales en Suramérica y otros lugares del mundo en desarrollo. Las cuales estén orientadas a proteger lo conseguido en materia de derechos sociales, laborales y económicos así como también posibiliten seguir progresando en esas áreas. La clave es seguir reactivando al Estado como actor clave que regule la actividad económica y la oriente en su justa y armoniosa medida a la generación de más mercado interno, aumento de la productividad, empleo y consumo así también como árbitro en cuestiones de reclamos y protecciones sociales. En otras palabras, reafirmar, en un marco macro-económico regional caracterizado por la implementación de medidas neo desarrollistas y orientación de las relaciones internacionales hacia el paradigma “sur-sur”, la nueva condición de los sectores públicos de la mayoría de los países suramericanos en su papel de conductores bonapartistas direccionados a no generar más brechas sociales, culturales ni económicas que las heredadas de los ciclos económicos pasados sino de afianzar, paso a paso, una integración de políticas económicas heterodoxas para profundizar y darle continuidad a las transformaciones que se han venido gestando durante los últimos doce años.

muy bueno Maxi
abrazo