“Ningún país por sí solo, por importante que sea, está en condiciones de definir rumbos”
Con el objetivo de debatir sobre la política exterior argentina y el proceso de integración regional, Noticias del Sur entrevistó a Eduardo Sigal, presidente del Frente Grande y Subsecretario de Integración Económica Americana y MERCOSUR de la Cancillería Argentina.
En su blog hay una frase que dice: “No hay posibilidad de resolver los problemas nacionales sin los países de la región”. ¿Qué significa esa definición?
Lo primero que tenemos que entender es que estamos viviendo en un mundo global y eso no es una cuestión de debate teórico, como quizás sí lo fue en las décadas del `60, `70, o incluso en momentos de los `80. Hoy es el mundo de la información on line, de las transacciones financieras de punta a punta del planeta en milésimas de segundo y de esa globalización han surgido un conjunto de organizaciones de carácter multilateral. Ningún país por sí solo, por importante que sea, está en condiciones de definir rumbos, y esta dinámica ha devenido en bloques; no es ni un invento mercosuriano ni argentino. Es bastante obvio: si uno visualiza el mundo en el que está inserto mira Europa y ve la Unión Europea, empiezan con un grupito de países y hoy son 27, entre los cuales hay países desarrollados y no tanto; mirás el Asia y tenés el ASEAN, mirás América del Norte y tenés el NAFTA, en América Central el SICA, en el Caribe el CARICOM, en los países andinos la CAN, en Africa el SACU y podríamos seguir hablando de regiones del mundo. Este es el mundo en el que vivimos, entonces necesitamos interactuar, necesitamos integrarnos, necesitamos complementarnos, necesitamos pensar desde el punto de vista de los intereses nacionales pero desde una perspectiva regional sobre cómo insertarse en este mundo global.
Se suele comparar la política exterior brasilera, cuya vanguardia es Itamarity, como una política de estado, en contraposición a la de nuestro país. ¿Argentina tiene una estrategia de inserción en el mundo? ¿El MERCOSUR es nuestra principal política exterior?
La primera gran diferencia entre Brasil y Argentina es que Brasil tiene una burguesía y una clase dirigencial, que más allá de su ubicación partidaria, política, ideológica, tiene un sentimiento de nación; son un país continente, tienen fronteras con 10 países de y su estrategia natural de inserción en el mundo parte de que son una parte sustantiva de América del Sur. Entonces su política empieza por esta parte del mundo y nosotros estamos en un confín del continente, en un extremo, y además tenemos una burguesía con características distintas, un proceso político y cultural diferente y hemos sufrido, sobre todo en el siglo XX, de 1930 a 1983, un permanente zigzagueo en el sistema político entre gobiernos constitucionales y gobiernos militares, entonces en nuestras raíces tenemos un debilitamiento para poder estructurar políticas de Estado que se proyecten en el tiempo; sin embargo, yo diría que la integración regional y la política MERCOSUR, desde que recuperamos la democracia y la vida constitucional en la Argentina, es una búsqueda y una política de Estado. Ahora bien, una política de Estado no quiere decir que no tenga impronta política: no es lo mismo la impronta que tuvo el MERCOSUR en los `90, en un momento de auge del neoliberalismo, en donde el menemismo concebía al MERCOSUR básicamente desde el punto de vista de los intereses comerciales y por lo tanto el centro de la cuestión era la unión aduanera, la zona de libre comercio y el intercambio intraregional, es decir, generando un mercado ampliado para la Argentina, que la búsqueda en la que estamos ahora.
¿Cómo definiría esa búsqueda?
Estamos pensando la integración con sentido estratégico, con una visión de lo que significa la globalización y nuestras formas de insertarnos. No subestimamos lo comercial y por lo tanto queremos perfeccionar la unión aduanera y la zona de libre comercio, pero lo pensamos también en términos de agregarle valor a nuestra producción y por eso estamos desplegando la integración productiva como uno de los pilares en la construcción de la integración de este siglo XXI. Pero además de lo productivo, de lo material, queremos un protagonismo social mas allá de la inter-gubernamentalidad y por eso empujamos el parlamento del MERCOSUR, entre otras iniciativas.
¿Cuál es el grado de avance de estas políticas?
Lo primero es que ahora tenemos parlamento, ya no tenemos más una comisión parlamentaria del conjunto, tenemos un parlamento que está en una transición de su conformación pero con un protocolo constitutivo. Esperamos que en la cumbre que vamos a realizar en julio en San Juan podamos aprobar la integración definitiva con una proporcionalidad atenuada, porque sino Brasil tendría mayoría absoluta. Si se avanza en esto, pasaríamos al proceso de elección directa de los parlamentarios del MERCOSUR, porque hasta ahora son electos por los mismos parlamentarios.
En la dimensión productiva ¿qué avances se han desarrollado?
Estamos desplegando en este momento experiencias muy importantes de desarrollo en distintos ámbitos de las cadenas de valor. Por ejemplo: madera y muebles, automotrices, sectores privados con apoyatura pública. Hemos creado un fondo de asociatividad empresarial del MERCOSUR para cuando una pequeña o mediana empresa de dos países se quieran asociar, haya un fondo de garantías que financie ese proceso de asociatividad, porque también hoy pensar en la región, en las producciones para las medianas y pequeñas empresas es un poco costoso, tienen que pensar en escala, en productividad, en incorporación de adelantos científico - tecnológicos a los procesos productivos y muchas veces las pequeñas y medianas no lo pueden hacer, entonces ahí tiene que haber Estados o un MERCOSUR que esté presente para facilitar esto. También la creación de un Fondo de Convergencia Estructural en el MERCOSUR me parece que es un salto cualitativo
¿En qué consiste ese fondo?
El Fondo de Convergencia Estructural lo aprobamos en el 2004 y en el 2005 empezamos a ejecutarlo. Son 500 millones de dólares, 100 millones por año, no reembolzables, de los cuales Brasil aporta un 70 %, la Argentina un 27%, Uruguay un 2% y Paraguay un 1%; y esto se divide en un 48% para Paraguay y en un 42 % para Uruguay, o sea que son gestos no formales, no declamativos, son ayudas concretas. Se puede decir que es poco para combatir las asimetrías, pero somos países en desarrollo, acá no existe ningún país desarrollado en condiciones de ser la locomotora que fueron Alemania y Francia en el caso de la Unión Europea. Entonces, te diría que la Argentina empieza a tener políticas de carácter estratégico y políticas de Estado, que contemplan básicamente una asociación estratégica con Brasil. No hay posibilidades de un desarrollo autónomo de Argentina si no es en el marco de la integración regional y para ser protagonistas tenemos que ser socios estratégicos con Brasil. Hoy la administración Lula tiene la misma concepción que nosotros, con lo cual esa asociación se ha profundizado muchísimo. Esto no quiere decir que no haya problemas, en una relación intensa siempre suelen aparecer dificultades, pero existe la voluntad política para poder resolverlo.
La Argentina tuvo durante casi todo el Siglo XX hipótesis de conflicto militar con Brasil ¿ahora tendríamos hipótesis de conflicto comercial? ¿Esa sería la principal tensión para el proceso de integración?
Yo diría que es un problema cotidiano. En muchos aspectos de la producción competimos con Brasil y al competir se generan, lógicamente, fricciones, pero básicamente esto se supera con una visión conjunta del mundo y pensado como abordamos juntos los desafíos que este mundo global nos impone. Si esto lo pensamos como lo piensan la mayoría de los empresarios –sean argentinos o brasileros- desde sus intereses inmediatos, entonces la vida por si te coloco un millón de metros más o menos de tal o cuál tela, si te vendo 50 mil pares de zapatos más o menos, ahí es donde aparecen muchas veces los conflictos. Ahora bien, es normal que en una relación comercial de más de 30 mil millones de dólares como tiene Argentina con Brasil en un comercio de ida y vuelta, aparezcan de tanto en tanto los conflictos, pero también como está la visión estratégica, política, de nuestra relación, hemos establecido mecanismos a nivel ministerial, a nivel de distintas áreas para monitorear el tema del comercio para resolver los conflictos. De hecho, todos los meses tenemos una comisión de monitoreo del comercio donde se reúnen los ministerios de producción, de industria, de comercio y de relaciones exteriores de ambos países y analizamos situación por situación, tratando de encontrar respuestas. Si los sectores privados de ambos países no se ponen de acuerdo, vamos con una participación más directa del Estado para ir generando un entendimiento, una convergencia.
Usted está desde el 2003 a cargo de la Subsecretaria, ha visto pasar muchas cosas y muy interesantes, de las más jugosas quizás en 200 años de historia de la región, ¿Qué balance hace del proceso de integración y cuáles serían los desafíos para que éste avance?
Lo primero que hay que decir es que Argentina fue protagonista en esta reconcepción del MERCOSUR en estos siete años y no porque me haya tocado a mi la responsabilidad sino porque es la Argentina la que reconcibió un enfoque del mundo, una forma de insertarse y replanteó el tema de la integración como un tema principalísimo. En estos años la Argentina formó y forma parte activa de la construcción de un proceso de integración que tiene como primer anillo, más próximo y más profundo, al MERCOSUR, un segundo más relacionado a las necesidades de reconstruir la unidad sudamericana que es la UNASUR (no fue casualidad que se reconozca a Néstor Kirchner como el primer Secretario General de este organismo), y un tercer anillo más amplio, heterogéneo, complejo e incipiente, que es la Cumbre de América Latina y el Caribe. Lo importante de todo esto es que es la primera vez en nuestra historia independiente, en estos 200 años, que los pueblos latinoamericanos nos atrevemos a pensar de Estados Unidos para abajo y no estamos esperando recetas, formulas, directivas, consejos u opiniones. Eso es un salto de calidad espectacular, que era difícil imaginárselo hace no muchos años y esos son cambios sustantivos.
¿A partir de qué políticas cree usted que se pueden sentar las bases de un proceso de integración regional que sea lo suficientemente sólido como para ser irreversible si los vientos políticos cambian?
Nuestro primer anillo es el MERCOSUR y ahí tenemos que avanzar y mejorar muchos aspectos: institucionalidad, justicia, participación ciudadana, políticas común de salud, de preservación medioambiental, perfeccionamiento de la unión aduanera y la zona de libre comercio. Pero con eso sólo tampoco alcanza: primero hay una cuestión ideológica, conceptual y después una concepción de carácter cultural que tiene que estar acompañada por una construcción material y ésta viene básicamente de la integración productiva, de la complementariedad de nuestros procesos productivos; diría que eso es lo que va a hacer indestructible este proceso, pero si esto no viene precedido de un concepto, de una cultura, de una ideología, podemos integrarnos productivamente pero estar peleados en otras cuestiones. Es muy difícil decir que una cosa, única, resuelve la irreversibilidad del proceso.

TENGO UNAA PREGUNTA POR QUE AMERICA SE DIVIDE EN EL NORTE Y SUR SI ES UN SOLO CONTINENTEE