¿Por qué no charlamo´ un ratito, eh?

2010 Junio 9

800px-Palacio_San_Martin_nude_sculptureFría mañana de lunes en Plaza San Martín. El palacio homónimo nos recuerda hasta qué punto la cancillería argentina fue desde siempre un reducto de la elite porteña. Terminado de construir en los albores del Centenario, el edificio es una de las gemas arquitectónicas de la ciudad, y botón de muestra de la riqueza que había acumulado la familia Anchorena. Cuando en 1938 pasó de propiedad privada oligárquica a lugar público para el manejo de las relaciones internacionales, había más de continuidad que de ruptura. Tal vez, el cambio de política exterior iniciado en 2003, y potenciado a partir de la Cumbre de Mar del Plata en 2005 (cuando naufragó el proyecto del ALCA), comenzó a modificar uno de los espacios estatales que históricamente supo ser un coto de caza cerrado de las familias patricias. La cita es convocada por el Subsecretario de Integración Económica para el Mercosur, Eduardo Sigal, en un mano a mano con periodistas especializados, para pasar revista a los temas centrales del proceso de integración regional.

La crisis del 2008 supuso un cambio de escenario que modificó el lugar y las expectativas de todos los bloques económicos. Al igual que ocurre con las inversiones financieras, las posibilidades de alcanzar acuerdos y entendimientos entre los Estados disminuyó en las misma medida que la crisis fue sentida como un factor disruptivo y caótico. Eduardo Sigal comenzó su exposición señalando, si no el fin de ciclo recesivo en las economías desarrolladas, al menos “un repunte del comercio internacional”. En este sentido, admitió que el 2008 y el 2009 implicaron un “proceso de replanteo y búsqueda sobre como debería desarrollarse y actuar el MERCOSUR . Hubo mucho desconcierto y muchas inquietudes y eso nos llevo a tener un 2009 que coincidió, además, con las presidencias pro témpore de Paraguay y Uruguay, con ciertas dificultades en la dinámica.” Dinámica que la Argentina intentó aceitar durante el transcurso de este año.

Un aspecto que resaltó el Subsecretario es el objetivo largamente buscado de contar con un Código Aduanero unificado del Mercosur.  ”Tenemos expectativas de poder pensar que llegaríamos a la Cumbre de  julio con un Código Aduanero del Mercosur. Es un tema sustantivo y están focalizados los puntos que tenemos que resolver.” Lo dice con la experiencia de saber que, en última instancia, se tratan de decisiones políticas que se toman en “las más altas esferas” y que determinan el final de un camino pedregoso. Ese camino, cuenta Sigal, “ha sido transitado con los socios, se han encapsulado las problemáticas y se llegaron a vislumbrar los puntos nodales” en los cuales los cuatro Estados socios aún no logran acordar. Será entonces el turno de la famosa decisión política que los presidentes deberán tomar para hacer avanzar de aquí en más.sigal4

Una de las novedades es el avance en la creación de un fondo crediticio para empresas de dos o más países que se asocien entre sí para desarrollar una actividad comercial o productiva. Sigal remarcó la importancia de esta política, y a la vez las trabas que encuentra su implementación: “es un fondo de 100 millones de dólares, que permitiría un apalancamiento de 500 a 600 millones, fundamentalmente para Pequeñas y Medianas Empresas, que son las grandes generadores de empleo. Debemos reconocer algunas dificultades, por la gran divergencia en las legislaciones nacionales de cada país que dificultan su puesta en práctica”. Un metáfora del proceso integrador podría ser, entonces, que allí donde nace una idea interesante, aparece una dificultad, un realidad paralela, que tiene su origen no sólo en los intereses concretos de cada sector o país, sino en el entramado legal-administrativo que cada Estado nacional fue estructurando de espaldas al de su vecino. A veces no es cuestión de plata, ni tampoco de decisión política, sí de una historia jurídica que hasta hoy, jamás se pensó en clave regional.

Otro avance con demoras es el que tiene como protagonista al Parlamento del Mercosur. Institución clave de cualquier proceso integrador que contemple una construcción política y no sólo económica, los borradores sobre este tema han dado infinidad de vueltas en los despachos oficiales en los últimos años. En este sentido, Sigal señaló que “esto es un debate que prácticamente está saldado. Hay una representación atenuada de algunos países. Básicamente hemos tenido mucho entendimiento por parte de Brasil, ya que si uno hiciese una representación directa habría una proporción absoluta de brasileños en ese parlamento por su mayor población.” Las trabas aparecen ahora en algunas cuestiones reglamentarias, como la conformación de los quorums y las mayorías, tanto en las comisiones como en el plenario de esa futura institución regional. “Son todas cuestiones complejas, que requieren una gran voluntad integracionista. Pero, en este caso, no sólo es un problema de los poderes ejecutivos si no de la diversidad de expresiones políticas que en cada uno de los parlamentos encontramos”.  Una dificultad que Venezuela conoce en carne propia: su incorporación como socio pleno del MERCOSUR logró superar una infinidad de obstáculos reglamentarios y políticos, entre los que se destacaba nada menos que una votación cabeza a cabeza en el Senado brasileño que Lula logró torcer en el último minuto. Sin embargo, la debilidad extrema del gobierno de Lugo es la nueva barrera: un congreso paraguayo crispadamente opositor se niega a ratificar el ingreso de los venezolanos, con argumentos más propios de la guerra fría que del siglo XXI.

Luego de una exposición del economista Pablo Grinspum, dónde se detallaron algunos aspectos de los temas ya señalados, llegaron las preguntas. Noticias del Sur se interesó sobre las implicancias políticas y económicas del anunciado reinicio de las negociaciones entre Mercosur y Unión Europea, potencialmente el acuerdo comercial más grande del planeta.

-Desde el 2005 hay un símbolo muy fuerte en la política exterior argentina que está marcado por el fin de las negociaciones por el ALCA, que significó revalorizar las relaciones al interior de Mercosur y Sudamérica y congelar un acuerdo económico asimétrico, potencialmente perjudicial para nosotros. ¿Cómo se salda eso, en términos políticos, al iniciar ahora negociaciones para un TLC con el otro gigante económico del mundo, la Unión Europea, con el cual mantenemos asimetrías similares a las que tenemos con EEUU? Más, teniendo en cuenta la actual crisis europea que según algunos analistas podría llevar al Viejo Continente a tener una política de exportación de bienes industriales más agresiva.

Sigal: -En primer lugar, no hay ningún cambio en la posición ni de Argentina ni del Mercosur. Fue y es unánime respecto del ALCA. Nosotros nos movimos desde junio del año 2003, en la reunión que se hizo en El Salvador, cuestionando los desequilibrios que planteaba EEUU en la negociación. Demandas de EEUU que  luego ellos no estaban dispuestos a retribuir en el proceso de negociación. Eso fue lo que llevó a generar un cuestionamiento pragmático y práctico de qué le convenía y qué no le convenía a Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay. Y que luego fue entendido en la Cumbre de Mar del Plata   por la mayoría de los países de Latinoamérica. Muchos de los cuales -como la Argentina- habían “comprado” la hegemonía liberal de la década del 90 como una panacea. En el caso de la Unión Europea nosotros no cambiamos de posición, por eso estuvimos siete meses intentando ver si había condiciones de flexibilidad por parte de los europeos para empezar un proceso de negociación. Lo que nosotros percibimos es que hay posibilidades de flexibilización. ¿En qué? Buenos, todo lo que significa la política agrícola, concretamente en la importación de productos agrícolas por parte de Europa. Cuando comience la negociación se verá si desaparece lo sustancial de las trabas que paralizaron las negociaciones en el 2004. En ese caso seguiremos negociando y llegaremos a buen puerto. Veremos.

Por parte de ellos, no es lo mismo poner en la mesa de negociaciones el 72%  del universo arancelario -como habíamos hecho en el 2004- que poner el 90% como estamos planteando ahora. Es de ambos lados. Después cuando llegue el momento, tendremos que ver si encontramos la cancha equilibrada. Yo no me atrevo a afirmar que lo vamos a lograr. Digo que hay voluntad política de que no se repita lo del 2004. Lo lograremos o no , eso esta por verse. También son negociaciones que exceden el marco de coyunturas. Si uno se guía solamente por un tema de coyunturas de crisis, no habría negociación. Hay que incorporar la variable monetaria (N de R: en relación a la posibilidad de un aumento drástico de la competitividad europea por la devaluación del euro) con la Unión Europea. Pero hay otros elementos de carácter productivo y de comercio más estables que hay que tener en cuenta.

El ministro Grinspun apuntó:

-La economía de EEUU es mucho más competitiva en sectores dónde nosotros somos un gran productor mundial. La economía europea es más complementaria, en ese sentido. Por otro lado la verdad es que si cualquier país del Mercosur sale diciendo hoy que va a negociar con EEUU, el que lo dice tiene que renunciar al día siguiente porque hay conceptos ideológicos muy arraigados en nuestros países. Con Europa es totalmente distinto: no hay -más allá de algunos sectores que creen que se van a ver perjudicados- una oposición. Entonces acá la valoración política es importante. Hay una serie de exterioridades muy positivas, no solamente significaría volver a poner al Mercosur en el centro de la escena internacional, si no también en lo que tiene que ver con las inversiones y el clima de negocios. Mercosur no va a firmar un acuerdo como lo firmaron otros países latinoamericanos con la UE, que básicamente se adaptaron al esquema de negociación de ellos, si no que el Mercosur tiene temas en los cuales no vamos a negociar. Un ejemplo: la UE está muy interesada en propiedad intelectual, y el Mercosur ha dicho que esto es una línea roja y que más allá de los acuerdos de la OMC no va a ir. Esto ha sido objeto de largas discusiones hasta que entendieron que esto es una negociación distinta. Nosotros no vamos a negociar como han negociado otros países. No quiero hablar de otros países pero una Chile, por ejemplo, una vez que negoció con EEUU, negociar con Europa o con China es simplemente licuar las diferencias con el que negoció primero, pero ya tiene el mercado abierto. En el Mercosur esto es distinto. No necesita abrirse tanto y todo lo que se abra ya es ganancia para Europa porque Mercosur no tiene acuerdos similares. Ahora, es una negociación muy difícil porque Europa no tiene que poner mucho en la negociación, en tanto está ya más abierta que Mercosur. Se verá si Europa está en condiciones de negociar o no. Hoy, quince países de Europa no quieren el acuerdo porque saben que  la única manera es poner sobre la mesa cosas que para ellos son importantes, básicamente por la cuestión agrícola. Por otro lado, esta es una opinión personal pero creo que compartida por el Mercosur: no creemos que se caiga la Unión Europea, ni el Euro. Eventualmente algún país puede quedar afuera de la zona euro, pero sin poner en riesgo a la Unión.

Noticias del Sur repreguntó sobre los riesgos de que una negociación con una zona altamente desarrollada y productora del bienes industriales de calidad ponga en riesgo las chances de un proceso industrial local y, por el contrario, multiplique los factores históricos que nos llevaron a ser productores de bienes primarios.

Grinspun: -¿Por qué no pensar que algunos de los bienes indistriales que van a ingresar con menores aranceles son insumos industriales, que te abaratan la producción industrial en Argentina? Ahí está el problema de que es lo que se produce regionalmente y qué no se produce regionalmente y como una rebaja de aranceles puede impactar en el desarrollo de la región, pero.  Sin ir a la lógica extrema del liberalismo económico que asigna los factores en función del lugar más eficiente, obviamente puede haber una potenciación, no sólo de los productos primarios, sino de los agro industriales que tienen un gran componente tecnológico y también puede haber una mayor eficiencia en la producción de productos industriales. Finalmente, no hemos incluido sectores que en su momento hayan quedado afuera en las negociaciones del 2004 -salvo el de autopartes- como textiles, calzado, etc.

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