Menciones
La Casa Blanca
lanzó su nueva estrategia de seguridad nacional (que se puede leer entera acá). Algunas observaciones y preguntas.
- Ciertos analistas coinciden en que es una continuidad del bushismo, una especie de neorrealismo con rostro humano; otros, que el documento es demasiado amplio para ser una estrategia concreta (o sea: muy lindo el tema del “engagement,” “cooperation,” and “partnerships”, pero cómo se traduce eso en “policies”); y a algunos los convence la evaluación más racional, profunda y contextualizada de la lucha contra el terrorismo, que la vieja doctrina de Bush definía solamente como “la guerra contra el islamismo radicalizado”.
- ¿Cuántos periodistas locales leyeron este documento entero?, ¿no hay demasiado poca política internacional en los diarios locales?, ¿no es clave un manifiesto que dice lo que el Presidente del país más importante del mundo piensa respecto de la política internacional?, ¿cuántos diarios lo reprodujeron textual?, ¿cuántos lo linkearon en sus portales?
- Es interesante destacar lo siguiente: el nombre propio más veces mencionado en el documento es Al-Qaeda. Seguido por Iraq y Afganistán, y el detalle no es menor. La mención en tantas oportunidades de la organización terrorista refleja la relevancia de los nuevos actores trasnacionales en el contexto mundial. Pero, luego de Al-Qaeda, las palabras más mencionadas tienen que ver con Estados Nacionales: Iraq, Afganistán y Rusia. El partido de neoliberales versus realistas (en términos de RRII) va empatado, digamos: si bien los nuevos actores trasnacionales adquirieron relevancia en los últimos años, lo cierto es que el peso de los Estados Nacionales sigue siendo fundamental en la resolución de conflictos a nivel global. La variable clave de la instalación de una célula terrorista en un país, continúa siendo el apoyo o el intento de erradicación de la misma por el Estado. Ahí hay un problema: hasta qué punto la existencia de una célula terrorista en un país no es la coartada perfecta para invadirlo en pos de otros objetivos. La vieja guerra tradicional exigía un aparato estatal que, como mínimo, realizara algún tipo de ofensa pública. Con el terrorismo se abarataron las operaciones de inteligencia: basta un barbudo poniendo una bomba, con un DNI de algún país, para elegir el Estado que uno quiere vincular al terrorismo. 
- Hay una ponderación muy positiva del G-20. En líneas generales, y en un intento muy notorio por intentar describir el escenario “como es” y no “como le gustaría a EEUU que fuese”, el G-20 está encaminado para convertirse en uno de los espacios de negociación comercial y financiera por excelencia. En ese sentido, la apuesta por el G-20, explícitamente en desmedro del G-8 (”the evolution of the G-8 to the G-20 to reflect the realities of today’s international environment“), no es sino un reflejo de la pérdida de poder relativo norteamericano y el paso hacia la institucionalización de mundo multipolar. La única mención a la Argentina está dada en el marco del desarrollo de este punto. Formar parte de ese grupo de países, junto a la integración latinoamericana, son posiblemente los dos noticias más importantes de la política exterior de los últimos años, hayan sido de casualidad o mérito del Gobierno.
- ¿Las oposiciones deben tener alguna incidencia en el marcado del rumbo de la política exterior o es una facultad de los oficialismos? Un amigo me decía el otro día: ser de izquierda es no plebiscitar algunas cosas.
- La pertenencia al G-20 iguala a la Argentina en el liderazgo latinoamericano con Brasil. Sin embargo, la potencia de la región en términos internacionales, sigue siendo el país hermano: “We welcome Brazil’s leadership and seek to move beyond dated North-South divisions to pursue progress on bilateral, hemispheric, and global issues. Brazil’s macroeconomic success, coupled with its steps to narrow socioeconomic gaps, provide important lessons for countries throughout the Americas and Africa. As guardian of a unique national environmental patrimony and a leader in renewable fuels, Brazil is an important partner in confronting global climate change and promoting energy security“. Ser un poder político mundial es poder decidir con autonomía relativa de la hegemonía. Ahí, es posible que haya que dejar de pensar la política internacional en términos de rivalidad futbolística: si son más, pueden más, tienen más cosas, y nuestros intereses van por la misma autopista, seamos amigos de los que haya que ser amigos. El propio Brasil lo sabe hacer hacia afuera, y si tiene que hacer un acuerdo con Irán, lo hace. Que la plataforma de Brasil hacia el mundo sea América Latina, es una buena noticia para América Latina: lo que debe pensarse, en todo caso, es cómo encuadrar ese liderazgo de Brasil, cómo ofrecerle los incentivos necesarios para que siga siendo negocio para Brasil hablar desde América Latina antes que desde Brasil.
- ¿Hay que pensar en incorporar más países al Unasur, o hay que consolidarlo así como está?, ¿cómo se hace para que un país renuncie a ciertas facultades -pongamos, por caso, la moneda- en pos de una integración más profunda?, ¿qué incentivos reales, materiales, concretos, ofrece el Unasur?
- Respecto de América Latina, el documento sobre Seguridad Nacional es pura abstracción, ciertamente: mercados integrados, fronteras, interdependencia energética, compromiso con la democracia y la ley. El dato más concreto es la foto que acompaña este texto (vía el Escriba): en azul, los que van a crecer durante 2010/2011. Los del equipo azul tenemos, entonces, un elemento más para multipolarizar más el mundo: si el río está revuelto, veamos cómo meter más la caña (mucho más cuando el río, parece, te va a mojar menos que a los otros). ¿Cómo lo hacemos? Ah, tanto no sé: lo que sé es que, así como hacia dentro, la política internacional se tiene que hacer de a muchos (y, quizás, no sólo con los mejores). Se acabó la comodidad de hablar del imperialismo yanqui (”Si en América Latina se comete un error, le vamos a tirar piedras a la embajada de Estados Unidos. Es decir, la culpa jamás es nuestra, siempre es de los demás, y de esta forma no establecemos responsabilidades“, Rafael Correa). Paradójicamente, la victoria de gobiernos populares, progresistas o de centro-izquierda, significó para la región guardar las piedras contra la embajada y tocar el timbre para entrar y charlar en serio. Quizás, la primera vez en la Historia de la región, en la que puede charlarse sin tanta asimetría.

“lo que debe pensarse, en todo caso, es cómo encuadrar ese liderazgo de Brasil, cómo ofrecerle los incentivos necesarios para que siga siendo negocio para Brasil hablar desde América Latina antes que desde Brasil.”
A eso le agregaría, ¿cómo hacen el resto de los países de la Unasur para beneficiarse de que Brasil utilice -en el mejor sentido- la plataforma regional para ser un actor global? en esa pregunta creo que debería radicar la agenda de los socios pequeños, específicamente de nuestro país que se encuentra en una suerte de punto medio, como el mayor de los hermanos menores de Brasil.
Muy bueno che, muy claro
Abrazo