Avances en la integración en momentos de crisis
Noticias del Sur fue invitada a participar de las Jornadas de discusión política “Argentina Soberana y Popular” , organizadas por el Concejo Federal de Juventud. Entre el sábado y el domingo pasado, más de 1.000 jóvenes militantes de distintos lugares del país se reunieron para debatir acerca de los temas nacionales y regionales, las formas de participación y los avances construidos en esta etapa política del país. A continuación, reproducimos el documento que presentamos en el panel “Soberanía nacional e integración latinoamericana”.
AVANCES Y RETROCESOS EN EL PROCESO ACTUAL DE INTEGRACIÓN REGIONAL.
* Federico Vázquez, Emiliano Flores y Emanuel Damoni.
El marco mundial: crisis en el primer mundo y cambios en el tercero
América Latina es parte del mundo. Bueno es decirlo cuando desde tribunas de doctrina se señala lo contrario. La palabra de los “analistas internacionales” amplificada por los grandes medios insiste con un supuesto aislamiento mundial de la Argentina que encubre, en verdad, la discusión sobre cuál es la mejor manera de pertenecer a ese mundo. En este sentido, el actual proceso de integración regional es una de las formas posibles de “ser parte”. Pero no la única. Durante doscientos años América Latina ensayó un modo de inserción mundial dependiente, que lentamente nos condujo a las puertas de la anexión económica con el proyecto fallido del ALCA.
Contra lo que quieren ver algunos, los actuales procesos políticos regionales no buscan separarse de las dinámicas económicas y políticas globales. En verdad, los liderazgos latinoamericanos pos neoliberales vienen dando pruebas constantes y sonantes de que su objetivo es rediscutir la forma de esa inserción en el mundo, fijando un nuevo piso de autonomía política y económica. En ese sentido, los gobiernos populares de hoy son una respuesta tanto a la sumisión neoliberal de los ´80 y ´90 como a las posturas de los sesenta y setenta que veían posibles caminos solitarios de liberación nacional.
Ahora bien, si tomamos los datos económicos y sociales más básicos, llegamos a la conclusión de que nuestro sub continente tiene un papel no marginal, pero sí secundario en las grandes dinámicas mundiales. EEUU, la Unión Europea, China, Japón y el sudeste asiático son, hoy por hoy, los epicentros de la actividad económica. Recién después de ellos aparecemos nosotros, en tanto conglomerado sudamericano. Un “nosotros”, además, que aún debemos construir. Esta caracterización nos lleva a un interrogante central: ¿en qué marco mundial se da el intento regional de integración e inserción soberana?
Muy sintéticamente se puede decir que hay dos procesos que nos tocan fuertemente: la disminución relativa del poder de EEUU como líder de un mundo unipolar y el crecimiento de la demanda internacional de productos que la región produce (bienes primarios e industriales de origen agrícola).
Esos dos procesos (uno político y otro económico) son muy recientes: la disminución relativa del poder de EEUU es un hecho parcial, en parte novedoso y en parte contradictorio. Tomemos un ejemplo: ¿Cómo se debe leer lo sucedido recientemente con el derrocamiento del presidente Zelaya en Honduras? ¿Fue la reafirmación de un poder imperial omnipresente, que hace y deshace a su antojo, sin importar las formas democráticas que dice defender? ¿O, por el contrario, la actuación de EEUU durante el golpe de estado mostró los límites que tiene hoy ese poder para actuar en el mundo, al tener que permitir la acción a cara descubierta de Brasil como actor político en la crisis hondureña, teniendo incluso que condenar a la dictadura, quitar el visado a los personajes más comprometidos con el gobierno de facto y sostener -así sea formalmente- la legitimidad del gobierno de derrocado?
Depende cómo se lo mire. Si nos enfocamos solamente en el resultado exitoso del golpe de estado, habría que responder que el poder de veto yanqui a gobiernos rebeldes -al menos para Centroamérica- está intacto. Si, en cambio, vemos el proceso desde el inicio y lo comparamos con las formas de la diplomacia norteamericana en el Chile de Allende, el cambio es notable. El margen para la injerencia se acortó bastante: la misma derecha norteamericana le recriminó a Obama que su postura se vio condicionada por la reacción de los países latinoamericanos que condenaron en bloque. “Obama se dejó llevar por Chávez” exageraron los republicanos. Pero lo cierto es que el golpe de estado -que objetivamente le restó un apoyo a Venezuela y le sumó un aliado a EEUU- debió sostenerse sin la cobertura diplomática de Washington. Los casos de Nicaragua y El Salvador -ambos con gobiernos no alineados con Estados Unidos- también son una muestra de los límites crecientes de Norteamérica para dibujar el mapa político regional a su antojo.
Otro ejemplo de la relación de los EEUU con la región, específicamente con América del Sur, es el Plan Colombia. La articulación de relaciones político-militares entre países latinoamericanos y los Estados Unidos no es nueva. Lo novedoso en este punto radicó en los rápidos y colectivos reflejos regionales para forzar políticamente al país sede del plan a hacerlo público y explícito de cara al resto de los países, a sus presidentes y a la opinión pública. Eso no constituirá obligatoriamente una garantía a futuro de que los Estados Unidos -a través de Colombia- no intenten expandir su política militar directa en otros países de la región. Sin embargo aquella reunión de presidentes de la Unasur en Bariloche, sentó posiciones políticas claras y colectivas sobre la necesidad de que ese plan se circunscriba al territorio colombiano. La historia nos advierte que el futuro respecto a ello, por parte de los EEUU pero también por parte de Colombia, es una incógnita. Para el resto de los países es imprescindible mantener la guardia alta en pos que de esto se cumpla.
En cuanto al crecimiento de la demanda internacional, la explosión del precio de los bienes primarios tiene menos de diez años. Tanto el precio del barril de petróleo, como el de la soja, el cobre y otros productos similares dependen de la compra por ahora compulsiva y sostenida que vienen realizando China y otros países en rápida expansión. Pero esa compulsión puede tener un fin o un desaceleramiento, ante lo cual los gobiernos latinoamericanos poco y nada podrían hacer para evitarlo. A contramano de lo que ocurría en el siglo XX, los precios de las materias primas suben mientras lo de los bienes industriales tienden a bajar. Es un dato del presente pero con futuro incierto.
La crisis económica de 2008 vino a profundizar estos dos procesos. En cualquier otra etapa, una crisis de esa magnitud -quiebre de bancos, retracción del comercio mundial, etc- en el primer mundo, hubiera hecho colapsar a muchas economías del tercero. Sin embargo, los años previos de crecimiento económico y de aumento del intercambio comercial sur-sur, hizo que la caída en desgracia de las variables económicas de los países centrales no tuviera un efecto devastador en los periféricos. Es más, estos últimos -como el nuestro- aprovecharon la situación para aumentar sus márgenes de acción (como la estatizacón de las AFJP en Argentina, por ejemplo) y potenciar aún más las relaciones políticas y comerciales entre países y bloques emergentes (Brasil-India-China, principalmente).
La crisis también vino a poner paños fríos en aquellos que ponían fecha de vencimiento a los Estados como reguladores de la economía. Entre los ´90 y los 2000 muchos teóricos sostenían que la creciente globalización económica dejaba a los Estados y gobiernos en el basurero de la historia: era el turno de las empresas trasnacionales, sin anclaje territorial en ningún centro político-estatal. Un único sistema económico independizado de cualquier regla que no fuera su propia lógica de acumulación. Sin embargo, rápidamente, la crisis financiera mostró hasta que punto los grandes negocios siguen necesitando de grandes acuerdos políticos para subsistir. Basta anotar la cantidad de recursos que los gobiernos de Estados Unidos y Europa destinaron al salvataje de sus bancos, así como la enorme expansión del gasto que debieron hacer para intentar frenar la caída del consumo y la producción. En el mismo sentido, si tomamos a las cien empresas más grandes del mundo, más de la mitad de sus ventas (56%) se concentra en sus mercados internos, no en el extranjero. Lo cual implica que la facturación de esas grandes compañías siguen atadas a las regulaciones estatales y políticas de sus países de origen. La globalización es un hecho de la realidad, pero el poder de los Estados como articuladores del sistema, también.1
EEUU y la región: del patio trasero a la relación fragmentada
Durante casi todo el siglo XX la región fue vista por lo EEUU como su “patio trasero”. La imagen da cuenta de un espacio que pertenece a la “casa”, pero a la vez no es parte de su interior. Es un afuera, que de tanto en tanto se debe ordenar, y que se usa para actividades más o menos distractivas, recreativas. Esa imagen es cada vez más irreal.
Lo que cambió en estos años fue, fundamentalmente, que ya no existe un solo tipo de relación entre EEUU y la región como un todo. Los vínculos con México y Centroamérica, por ejemplo, distan en muchísimos aspectos e intensidades a los que tiene con Sudamérica. Para ejemplificar esa diferencia pensemos solamente en la cuestión inmigratoria y de las remesas que esos inmigrantes legales e ilegales mexicanos y centroamericanos envían a sus países de origen desde el “sueño americano”. Una realidad que condiciona las relaciones diplomáticas y políticas y que no reviste la misma importancia para los países sudamericanos (con excepción, en parte, de Colombia y Ecuador). Otro elemento diferenciador, es la alta dependencia que tienen tanto México como los pequeños países centroamericanos del mercado estadounidense como lugar de envío de sus productos y como origen de sus importaciones, algo mucho más matizado para los países Sudamericanos, especialmente los del Cono Sur.
Son procesos que tienen su tiempo de maduración, pero que lentamente fueron conformando una divergencia marcada en las posibilidades de autonomía económica y política de México y Centroamérica en contraste con la región Sudamericana. El acuerdo del NAFTA y las firmas de TLCs cristalizó una situación de dependencia, de la cual Sudamérica como conjunto político logró escapar cuando rechazó la expansión de la misma política a través del ALCA, en la cumbre de Mar del Plata en 2005.
Otro dato potente que habla del cambio en la relación entre EEUU y la región es muy reciente: en 2009, por primera vez, China desplazó a EEUU como principal socio comercial de Brasil. La proyección, además, muestra que el dato no es coyuntural. Las exportaciones se multiplicaron por quince en diez años, hasta alcanzar los 42.000 millones de dólares.2 En cuenta a la relación bilateral Argentina-Brasil, el salto también es impresionante: de 7 mil millones de intercambio en 2002, se pasó a 31 mil millones de dólares en 2008.3 ¿Qué movimientos muestran estos datos? Por un lado, la pérdida relativa de la importancia de la presencia norteamericana en la economía de Sudamérica. En este sentido es bueno recordar que todos los imperios modernos se basan en un sojuzgamiento comercial primero, y luego político. En segundo lugar, los números muestran un crecimiento del intercambio al interior de nuestro bloque económico. Este dato es tan importante como el otro, ya que si la pérdida de importancia relativa del comercio con EEUU fuera reemplazada en igual forma por la llegada de otro socio externo (China, Unión Europea, etc) estaríamos en la puerta de una nueva dependencia. En cambio, la vigorización del intercambio comercial al interior del bloque permite soñar con la edificación de una política autónoma.
La integración como proyecto político y de desarrollo.
América Latina, pero más concretamente Sudamérica, se encuentra en un campo de desafíos y encrucijadas. Algunos son senderos trazados hace algún tiempo, otros son apenas esbozos de futuros caminos, muchos otros son los grandes desafíos de este siglo. Desde los años sesenta los países de la región fueron ensayando pactos de integración diversos, centrados principalmente en acuerdos económicos de corto alcance y sin una proyección que contuviera al conjunto de región. Los grandes conglomerados son: la C.A.N. (desde fines de los sesenta) y el MERCOSUR (desde fines de los ochenta).
Estos esqueletos de integración no fueron eslabones en la construcción de una unidad política regional. Recién a partir de la implosión de los modelos neoliberales y la eyección de sus representantes políticos de cada país, la integración fue pensada -por primera vez en doscientos años- en términos continentales, a partir de un lazo político que articule las necesidades económicas.
Más allá de las fotos de cumbres presidenciales que ilustran un momento de gran intensidad política y cercanía ideológica, la potencialidad de la integración está en lograr mirar las necesidades del país vecino como necesidades propias. Entender la política internacional como regional y ubicar en un lugar destacado de la agenda política “interna” -sobre todo de los grandes países- el sostenimiento de los procesos políticos más débiles. Integración económica y política son dos caras de una misma moneda, en tanto que son los Estados, gobiernos y sociedad civil organizada (es decir, la política) los que motorizan el proceso, antes que las elites económicas y grupos empresariales.
Un ejemplo de esto lo constituyó la negociación de la venta del gas por parte de Bolivia a Brasil y Argentina en 2006 (acuerdo que fue renovado en 2010). Evo Morales llegaba al Palacio Quemado con un Estado que hacía honor al nombre del edificio presidencial. Las cuentas públicas -y por consiguiente el margen de maniobra del gobierno- eran raquíticas: 630 millones de dólares era toda la inversión pública realizada en 2005, último año de la gestión de Sánchez de Losada. El nuevo gobierno boliviano necesitaba, entonces, que sus ingresos se multipliquen para cumplir con las demandas de su electorado. La nacionalización del gas era un triunfo para las arcas públicas que precisaba de otro de igual importancia: vender el producto a sus vecinos a un precio mayor. Así, a partir de un entendimiento político con el gobierno de Kirchner y luego con el de Lula, Evo logró una readecuación de las tarifas por el gas. El resultado salta a la vista: en 2009 la inversión del Estado boliviano creció hasta llegar a 1850 millones de dólares, un salto del 300%.Fuente: Web del Ministerio de Economía y Finanzas de Bolivia. http://www.economiayfinanzas.gob.bo/
Este caso testigo ilustra los logros, pero también los límites del actual proceso de integración. En medio de un mundo signado por los intereses económicos, la introducción de la variable “política”, donde dos presidentes se sienten parte de un mismo proceso transformador, muestra la potencialidad del momento. Y tal vez la integración en esta etapa fundacional no podría ser posible sin ese plus de compatibilidad ideológica que muestran la mayoría de los gobiernos sudamericanos.
Sin embargo, el proceso de integración continental debe contar con grados crecientes de institucionalización que fije políticas a más largo plazo. No se trata, como proponen los sectores más conservadores, de “despolitizar” las relaciones diplomáticas, si no, justamente, de volver el actual posicionamientos ideológico de los presidentes algo más sólido. La reciente designación del primer Secretario General de la UNASUR va en ese sentido, al crear una instancia de liderazgo ejecutivo por fuera de las reuniones de los presidentes en ejercicio. Pero por debajo de estos movimientos superestructurales el proceso integrador debe cobrar vida en proyectos concretos, que alteren la vida de personas, comunidades, empresas y Estados. Un ejemplo en este sentido puede ser el desarrollo del programa fluvial “Hidrovía Paraguay-Paraná”4. Se trata de un conjunto de obras de infraestructura que aseguran la navegabilidad permanente de embarcaciones de gran volumen, algo fundamental para incrementar el comercio entre los países que comparten la Cuenca del Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia). Como complemento de este programa, en los últimos meses se avanzó en la creación de una empresa fluvial mixta entre Argentina y Venezuela, que desarrollará el comercio de petróleo y alimentos, entre ese país y los países de la Cuenca. El acuerdo implica, además, la construcción de barcazas y remolques, tanto para la navegación de la hidrovía, como para el río Orinoco en Venezuela. Obras y acuerdos de este tipo pueden ir dejando atrás uno de los escenarios clásicos de la dependencia latinoamericana: ciudades-puertos escasamente relacionadas entre sí, pero que tienen en común que todas se relacionan individualmente con las metrópolis de los países centrales. La integración es, también, ir serpenteado el vasto interior del propio continente, desarrollando sus posibilidades, a la vez que integrando a sus circuitos económicos, sus ciudades y pueblos.
Finalmente, ¿cómo volver irreversible esta etapa tan esperanzadora pero que como todo lo nuevo, en sus principios, es más inestable? Los teóricos y políticos liberales de la segunda mitad del siglo XIX, creadores de los Estados nacionales latinoamericanos, son un gran ejemplo en esta materia: los ideales, relatos históricos e imágenes nacionales de esa generación, así como las políticas públicas que llevaron a cabo, son obras que perduraron más allá de sus propios creadores. Hasta el día de hoy, esa construcción material y simbólica sigue rigiendo los pensamientos, las acciones y las emociones de grandes sectores sociales. Más humildemente, nuestra tarea como protagonistas de este tiempo histórico, es intentar dar pasos en la construcción de una “institucionalidad” regional (que ya dijimos, es profundamente política y transformadora) que instrumente el objetivo de la autonomía política y económica.
* Federico Vázquez, Emanuel Damoni y Emiliano Flores, integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur.
Notas
1 Enrique Arceo, “Los límites de un crecimiento exportador sin cambio estructural”, Los condicionantes de la crisis en América Latina. Arceo y Basualdo, compiladores. 2009, CLACSO Libros.
2 “Aumenta el intercambio entre China y UNASUR”. Sitio web de la embajada china en la República de Chile.http://cl.china-embassy.org/esp/xw/t577885.htm
3 “Brasil y Argentina: socios en el camino de la integración”. Por Enio Cordeiro, embajador de la República Federativa del Brasil en Argentina, en El Cronista.com.
4 Sitio web de la Secretaría de Transporte de la República Argentina.http://www.sspyvn.gov.ar/hvia_info2.html#1
y nota del periódico on line El Ciudadano del día 13 de agosto de 2009.http://www.ciudadanodiario.com.ar/index.php/el-pais/el-pais/4573-venezuela-y-argentina-crean-empresa-fluvial-para-intercambios-comerciales.html
