“Nosotros vemos las fronteras como punto de construcción y encuentro, no como punto de división”
Noticias del Sur entrevistó a Alfredo Forti, Secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa. Con ésta abrimos un ciclo de entrevistas y notas para aportar al debate sobre la política exterior nacional.
¿Cuáles son los rasgos generales de la política de defensa de la Argentina y dentro de ella el rol de la Secretaría de asuntos internacionales?
Para empezar, esta secretaría fue creada hace más de dos años y es la primera vez que el Ministerio de Defensa estructura su política internacional en el marco de una secretaría de Estado. La razón fundamental es que a partir del año 2003 hay un salto cualitativo muy importante en la política nacional que tiene que ver con la implementación de las reformas que se habían sancionado con la Ley de Defensa del año 1988, ley que se logró con el total consenso de los partidos políticos del Congreso. Sin embargo, los gobiernos, todos, desde 1988 hasta el 2006 nunca reglamentaron la ley. Es por ello que en los últimos cuatro años se produjo un aceleramiento en la reforma y modernización del sistema de defensa de la República Argentina.
¿Qué cambios implicó esta reglamentación?
La primera cuestión es la clara división entre los conceptos de defensa y seguridad, particularmente que las Fuerzas Armadas no intervienen en nada que tenga que ver con seguridad interna. Eso es una diferencia muy tajante con lo que fue el rol de la institución militar interviniendo en la vida política en nuestro país con las consecuencias que todos conocemos.
En segundo lugar, por primera vez se ejerce la conducción civil de la defensa. Esto es poner a la autoridad civil, emanada del proceso democrático que da un gobierno, a ejercer la conducción de la política de defensa en general y del instrumento particular de ella que son las Fuerzas Armadas. Esa conducción civil, en el campo de la defensa está implementada por el Ministerio de Defensa, que responde a los lineamientos de la presidencia de la nación. Y de ahí en más los diferentes niveles hacia abajo: el Estado Mayor Conjunto y las Fuerzas Armadas.
Otro aspecto central es el concepto de propiciar la acción conjunta de la defensa, como resultado de la experiencia de décadas, donde las Fuerzas Armadas funcionaban como tres compartimientos estancos, cada una con su independencia y autonomía desde la realización de sus compras hasta la formación de sus integrantes, cosa que hizo crisis en Malvinas cuando se demostró que los niveles de incompatibilidad de sus capacidades operacionales eran tales que fue una de las grandes razones del fracaso desde el punto de vista específicamente militar.
Uno de los efectos de la reforma es llevar a cabo la ´conjuntez´: maximizar los recursos y homologar todas las tareas posibles dentro de las especificidades de cada fuerza. Es así como se fortalece la estructura organizativa militar en la figura del Estado Mayor Conjunto. Se crea la Escuela Superior de Guerra Conjunta y se establece una Agencia Logística de la Defensa que se encarga de la administración presupuestaria de las tres fuerzas. Todo esto implica un cambio de mentalidad y de modos de organización profundo.
Más allá de la reorganización interna, en términos operativos ¿en qué aspectos se pueden visualizar estos cambios?
Este proceso del que estamos hablando tiene algo muy importante y es que se ha adoptado un criterio de doctrina que modifica profundamente la estructuración tradicional del uso y de la acción de las Fuerzas Armadas. Ejemplo: parte de esta política nueva es que se ha dejado de lado la tradicional doctrina de planificar la defensa por hipótesis de conflicto, a partir de la adopción del planeamiento de la defensa por capacidades; hipótesis de conflicto que te generan hacia abajo toda una preparación y una política de armamentos y distribución de las fuerzas geográficamente Esto viene de nuestra política de integración, latinoamericanista, en donde desechamos la posibilidad de conflictos armados con países hermanos y vecinos. Hemos reemplazado las hipótesis de conflicto por hipótesis de confluencia y cooperación hacia un estadio más alto de integración.
Todas las Fuerzas Armadas, todos los esquemas de defensa modernos, y no me limito a América latina, también Europa, Estados Unidos y Canadá tienden a modelos que avanzan por los principios de los que estamos hablando. Una reforma institucional profunda como la que estamos haciendo requiere tiempo. Sin embargo, esto nos prepara como nadie para que cuando llegue el momento de una misión, que se inicia con una directiva presidencial y que culmina con las formas de preparase y alistarse que permitan cumplir de la forma más eficiente con la misión asignada.
Estos cambios internos generaron críticas, al punto de que algunos sectores dicen que desde 2003 hasta acá se viene destruyendo a las Fuerzas Armadas. ¿Qué opinión tiene usted de ello?
A mi me toca hablar con muchos ministros y militares de otros países, me consta que son pocos los que han adoptado estos cambios institucionales con la profundidad con la que lo hicimos nosotros. No se trata sólo de comprar armas. Estamos convencidos que esto nos da un avance objetivo, que hemos hecho lo más difícil y lo que toma más tiempo frente a lo que toma menos tiempo y es menos difícil que es la compra de equipo. Se confunde equivocadamente que compra de armas es igual a modernización institucional y que eso igual a la consolidación de la defensa nacional. Eso es sólo una parte.
Algo que caracteriza a la argentina, y que permitió esta reorganización estructural, responde a nuestra propia historia y características de la transición democrática de shock con la caída de la dictadura por las violaciones a los derechos humanos, la crisis económica y Malvinas; escenario diferente al de muchos otros países de la región por el tipo de transiciones a la democracia que hicieron.
A partir de esas diferencias de origen ¿es posible tener estrategias de defensa comunes?
Sí, el proceso hacia una integración regional, en América Latina en general, y en América del sur en particular ha tenido avances significativos muy sólidos que apuntan a priorizar el lado político de la integración. Claro que ayuda mucho la existencia de niveles de consenso mucho mayores que en el pasado en cuanto a las similitudes de los proyectos políticos de los gobiernos democráticos. Además, por primera vez se da que en este proceso de integracion aparece el componente de la defensa. Así se crea el Consejo de Defensa Sudamericano como una iniciativa de Brasil a la que el resto de los países le dimos nuestro apoyo como un paso positivo hacia la articulación en la defensa. Nuestro país ha aportado contenido a esa idea de defensa, por ejemplo nosotros lanzamos la iniciativa de crear un Centro de Estudios Estratégicos Sudamericanos dentro del Consejo de Defensa que ha sido apoyado unánimemente dentro de los países integrantes de UNASUR.
¿Cuáles son las características de este Centro de Estudios?
Va a ser un centro permanente con asiento en Buenos Aires; no va a ser de formación sino de elaboración para construir un pensamiento geoestratégico sudamericano. Un primer paso hacia una doctrina sudamericana que ya fue aprobado por los ministros de defensa y a principios de mayo se tratará su aprobación final. Éste va a ser un centro que no sólo articule un pensamiento sino que también va a realizar análisis y estudios al servicio del Consejo de Defensa Sudamericano y de los jefes y jefas de estado de UNUSAUR.
¿Cuales son las dificultades que enfrenta el Consejo de Defensa Sudamericano?
Dificultades hay miles como en todo organismo multilateral. Cualquier iniciativa debe pasar por el colador de doce países, cosa que no es fácil: es el precio pero también la ganancia del consenso. La comunidad de criterios y principios ayuda. Lo peor que puede suceder es la ruptura de la institucionalidad regional a partir de divergencias políticas. Los casos difíciles que tuvimos que enfrentar, los más críticos, como por ejemplo el conflicto entre Colombia y Ecuador o la crisis Venezuela-Colombia en el marco del lanzamiento del Plan Colombia, han sido tratados a nivel UNASUR y a nivel Consejo de Defensa y llevadas adelante con el objetivo que todos los países se mantengan dentro del sistema; confrontando discrepancias y diferencias pero en el seno de esta institución. Esta concepción exige paciencia y la búsqueda de no perder los objetivos regionales que nos unen.
¿Cuáles son esos objetivos?
Consolidar a Sudamérica como una zona de paz, propiciar mayores niveles de interacción entre los países en materia de defensa a partir del establecimientote de medidas de confianza mutua, de transparencia en las adquisiciones de armamento, incremento de ejercicios combinados para fortalecer la interoperabilidad entre países para avanzar hacia una doctrina común que busque proteger nuestro interés regional con el concurso de todos los países y de sus Fuerzas Armadas. Tenemos la oportunidad para hacerlo y es un paso de orden estratégico para toda la región: nosotros vemos a las fronteras como punto de construcción y encuentro, no como punto de división. Eso forma parte de la nueva concepción de política internacional de la defensa.
Un ejemplo de esto es la fuerza de paz conjunta con Chile, Cruz del Sur. El cambio de signo político en el gobierno de este país ¿qué perspectiva le da a este emprendimiento conjunto?
Todos los avances en medidas de fomento de la confianza con Chile tenemos que verlos como un proceso que responde a políticas de estado, por lo tanto los vaivenes que en cada país ocurren en los procesos democráticos de recambio de gobierno, no deberían incidir en estos objetivos estratégicos de estado. De hecho los acuerdos que nos unen como el tratado de Maipú, el ultimo que firmó la presidenta y sobre el que se refirió positivamente el nuevo presidente Piñeira, ratifica y avanza en esta concepción de una verdadera asociación estratégica. Estos temas no deberían verse afectados por las orientaciones políticas de nuestros gobiernos. Esa es nuestra opinión y concepción.
El caso de la Cruz del Sur es un ejemplo tangible de cómo dos países que estuvieron al borde de una guerra bajo dos gobiernos de facto, en un contexto democrático podemos llegar a tener niveles de cooperación al punto de tener la primera fuerza de paz conjunta como es la Cruz del Sur. Este acercamiento pone y diseña esta fuerza binacional no para la tarea militar en nuestros territorios sino para ponerla al servicio de la ONU en acciones de mantenimiento de la paz.
Emiliano Flores
Emanuel Damoni
