Mientras saludamos el URUPABOL
Cuando se ven noticias como ésta, inevitablemente surge la duda sobre cuánto se avanzó en términos de integración latinoamericana en un momento en el que las afinidades políticas y el crecimiento económico en la región son incuestionables. Es que indagando sobre la nueva empresa nos desayunamos que, en realidad, se trata de reflotar una iniciativa institucionalizada allá por el ´63. Indagando aún más, nos enteramos que no es la única iniciativa de integración regional o subregional que hoy anda dando vueltas por las cancillerías de nuestros países sin superar las meras instancias burocráticas. Además del reflotado URUPABOL, existen la ALALC, la ALADI, el Grupo Río y su posible devenir en Comunidad de América Latina y el Caribe, el MERCOSUR, la CAN (Comunidad Andina de Naciones), el SICA (Sistema de la Integración Centroamericana), la CSN (Comunidad Sudamericana de Naciones) devenida en UNASUR y el ALBA. Y el resultado son preguntas como éstas: ¿cuántas instancias de integración regional necesitamos los latinoamericanos para definir acciones comunes? ¿Por qué desde la creación de la ALALC en 1960 no dejamos de crear herramientas que no superan declaraciones de buenas intenciones? ¿Para qué sirven las más de 264 instituciones (entre grupos ad hoc, comisiones, observatorios y etcéteras) que funcionan a partir del MERCOSUR?
Pero bueno, mientras buscamos respuestas a éstas preguntas, nos viene a la memoria un libro donde se analiza el origen de nuestras naciones y algunas de las herencias que se reproducen mientras pasan los años. El libro se llama La herencia colonial de América Latina y sus autores Stanley y Barbara Stein. Con éste ensayo, los Stein buscaban polemizar con los historiadores que consideraban a las naciones de América Latina como países en vías de desarrollo o subdesarrollados, pregonando así la utilidad del concepto de neocolonialismo como instrumento de análisis. Analizando las primeras décadas del siglo XIX – los años posteriores a las revoluciones de independencia- derriban la idea de que con la incorporación de tecnología y la llegada de inversiones se generaban algunos cambios en las instituciones, los valores y actitudes que constituían la herencia colonial. En éste ensayo, los historiadores analizaron los cambios políticos posteriores a las independencias. Y en efecto, como buena parte de las corrientes historiográficas, comprobaban que aún cuando las unidades administrativas empezaban a definir sus leyes y sus reglamentos, las configuraciones territoriales y las estructuras económicas se modificaban poco y nada.
Y así como para los Stein, la configuración del Estado en América Latina viene más marcada por la experiencia de la etapa colonial que por la aventura independentista, a la luz del fracaso continuo de nuestros intentos de integración regional, cabe preguntarse si dos conceptos inseparables como Nación y soberanía, no forman parte de esa misma herencia y no empiezan a convertirse en un obstáculo a la hora de pensar lo común. Cabe preguntarse si tantos años de crecimiento económico y afinidad política en la región sirvieron para delinear un proyecto político regional. Cabe preguntarse cuánto se pudo avanzar desde que Chávez ganó las elecciones en diciembre del ´98 hasta el fin de la Concertación chilena. Cabe preguntarse a quién se le echa la culpa del conflicto con Uruguay por las papeleras. Cabe preguntarse por qué ese conflicto llegó hasta el tribunal de La Haya y no se solucionó en una de todas esas instancias regionales .Cabe preguntarse ésto último, porque otra de las tesis de los Stein, es que la dependencia de Europa también forma parte de una herencia colonial…

Como vos decís en este periodo de “afinidades políticas” no lograron afianzar un proyecto regional más perdurable más allá de la coyuntura. Soló alcanza para convenir aquello que no queremos (Mar del Plata-ALCA es un ejemplo).
Sin embargo, durante los 70 y de la mano de las dictaduras se impusieron,sin mayores contradichos, proyectos políticos, económicos y sociales más que afines.
En ese sentido una vez más se denota la capacidad de alianza que poseen las derechas y de fractura que tienen las izquierdas.
Eso, tal vez, también sea parte de la herencia colonial.
Latinoamerica, que es lo que nos convoca, lo que continua perdiendo es la batalla cultural.