2010, el año de las despedidas

2010 Marzo 29

adios1Se fue Tabaré, se fue Michelle, se irá Uribe, y se juega la vida Lula. Mucho para un sólo año.  Como nunca en la historia continental pensamos cada vez más en términos de elecciones simultáneas, de cambios, olas y aires políticos regionales. La continuidad democrática en la totalidad de Sudamérica (con sus consecuentes elecciones periódicas) y los cinco años cumplidos desde el Grito de Independencia en Mar del Plata son los soportes materiales que justifican pensar en avances y retrocesos políticos allende los marcos nacionales.

Exagerando apenas, la elección de octubre en Brasil le deja poco brillo a lo que suceda en otras partes del subcontinente. Una derrota política del PT/lulismo puede no ser el fin del mundo para las conquistas sociales moderadas pero palpables de muchos  brasileños, sí va a poner en duda el rol de Brasil como motor político de la integración. Como paraguas de experiencias más osadas, también. La política exterior brasileña es, por lejos, la parcela del gobierno de Lula que más espacio tuvo para mantenerse fiel a los postulados tradicionales de la izquierda petista. Si en otros asuntos centrales -como la política económica y aún la social-, ha debido pactar y negociar hasta el punto de poner en cuestión la esencia misma de las transformaciones prometidas a sus bases, el desarrollo de la política externa se desenvolvió con mayores libertades. Desde hace décadas, Brasil construyó una política interna “nacionalista” , pero no fue si no hasta la victoria del PT en 2002 que ese nacionalismo, antes localista, se vinculó a una alianza regional que lo excede y lo completa de coherencia.

El límite legal a un tercer mandato de Uribe en Colombia, puede verse como la contracara de lo dicho para Brasil: la continuidad de la política de “seguridad democrática” (tal el eufemismo creado para darle ropajes de decencia a lo que fue una militarización muy reñida con los derechos humanos básicos) podría verse plasmada, luego de las elecciones de mayo, en alguno de los delfines del presidente colombiano. Pero se abren dudas sobre si esas figuras de remplazo (hoy lidera las encuestas el ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y en segundo lugar la también oficialista y ex embajadora en España y el Reino Unido, Noemí Saín) podrán empardar las habilidades de Uribe para generar parálisis en las cumbres de presidentes, crear discordias -cuando no ataques misilísticos- con países limítrofes y construir un liderazgo regional sobre la base de un apoyo plebiscitario interno y la espalda siempre ancha de EEUU. Todo potenciado por los dotes de cuadro político que el propio Uribe dejó ver más de una vez en los foros televisados. La derecha latinoamericana lo va a extrañar, y mucho.

En esta jerarquización eleccionaria, tanto Uruguay como Chile tienen roles más modestos. Continuidad en uno, ruptura en otro, comparten sin embargo el extraño don para el marco sudamericano, de ser países de cambios paulatinos, con tiempos notoriamente más prolongados en sus procesos políticos. Se pueden anotar dos elementos que desmienten las opiniones generalizadas sobre cada uno: el terremoto en Chile tiró casas, rutas, infraestructura de la más diversa, entre la que habría que sumar la plataforma electoral de Piñera. La discusión Estado sí, Estado no, quedó en offside después del sismo del 27 de febrero. La presidencia del empresario que arrancó doce días después, va a ser medida desde una óptica totalmente diferente: cuán rápido llegará el Estado para reconstruir lo roto por el movimiento sísmico. En Uruguay, en cambio, no hay tsunami posible. En la llanura oriental se votó  la continuidad del FA en el gobierno y aún más, los uruguayos eligieron, dentro del binomio posible, a la figura más marcadamente de izquierda, aún con rasgos de un populismo singular. Mujica -más allá de sus propias intenciones, incluso- representa anhelos más radicales que los que cargaba Tabaré. El piso de demandas también subió respecto al primer gobierno. Un mayor conservadurismo, como quieren ver muchos desde éste lado del río, no parece ser la jugada más probable.

Mirando por arriba de cada coyuntura nacional, el 2010 aparece como el fin de la etapa de instalación de los gobiernos progresistas. Todas las experiencias han tenido al menos una revalida de sus poderes ejecutivos. Cada vez más, la retórica anti neoliberal y pro latinoamericana, va dejando paso a las políticas posibles, a los avances reales, a las trabas materiales que se resisten a ser tiradas sólo con palabras. Cuando los ejércitos de Bolívar y San Martín terminaron de expulsar a los españoles en lo que hoy es Bolivia, las dificultades de crear una unidad política estallaron en la cara de aquellos protagonistas. Después de 10 años de guerra electoral, los ejércitos nacionales, populares y progresistas del siglo XXI se enfrentan a lo más difícil: administrar la integración, volverla irreversible, darle sustento económico, material y cultural.

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  1. 2010 Marzo 30
    Mario permalink

    Fede sigue brindando notas sugerentes que da gusto leer

  2. 2010 Abril 1

    En otras palabras, el legado de la etapa en el mapa regional. Tremendo post.
    Saludos,
    Ezequiel

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  1. Lo crudo y lo cocido. « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.

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