Menos mal que Mujica no tiene un decálogo…

2010 Febrero 27
¡Menos mal que las dijo en tiempo de carnaval! Carnaval es el tiempo de las máscaras, de convertirse en arlequín y bailar por las avenidas; vestirse con una ropa de un color y otra de otro, y otra más del color más colorido. Y salir con el torso desnudo y pintarse el medio sol en la cara, o llevar una botella con agua mojando a los vecinos. Dejar de ser  feligrés por unas horas y sentirse un dios. La fantasía, hermano, darle la bienvenida a Momo no es cosa de todos los días. ¡Es carnaval, amor, es carnaval! Porque si no fuera carnaval… ¿qué quiso decir José Mujica?!
Para empezar, el desatino del lugar. Que aprovechar a los argentinos que estaban en el este, que los brasileños que este año vinieron en avalancha e hicieron subir los precios, que porque justo había un contingente de estadounidenses…pero una conferencia sobre la dinámica del capitalismo periférico y sus oportunidades [el título de la convocatoria era “Los empresarios en el Proyecto Nacional] no tiene mejor lugar para realizarse que en un Hotel-Casino? ¿En un casino el “Proyecto Nacional”? De este lado del Atlántico, para encontrar un casino tan frívolo como el Conrad hay que subir hasta… ¡Miami! Y empezó con los saludos: que “gracias por la presencia a Julio María Sanguinetti”, “bienvenido Luis Alberto Lacalle”, “buenas tardes señor Jorge Larrañaga” y… “¡bienvenido Pedro Bordaberry”! Es que todos tiran para el mismo lado, se supone, como en el carnaval. Y después las cuatro frases, una demostración exquisita de síntesis progresista.
Primera: “Invertir no es una timba ciega. El Gobierno tiene el deber de aminorar al máximo posible los márgenes de riesgo y ofrecer estabilidad”. ¿Un Gobierno tiene que aminorar el riesgo? Si hay algo que Marx distinguía con vehemencia era la renta del capital, comparando las potencialidades sociales que propiciaban los dos tipos de acumulación. Mientras que la renta construía dueños de riqueza inmobiliaria del más execrable parasitismo, la riqueza mobiliaria producida a través del plusvalor, hubo de instalar esas “palancas formidables del desarrollo burgués” que, si bien eran tan explotadoras y arbitrarias como las otras, liberaban determinadas energías sociales – precisamente las que se les volverían en contra. El riesgo es el último refugio de legitimidad del capitalista. Ahora, sin riesgo el capitalista deviene en una figura absurda. Por lo tanto, un Gobierno que aminora el riesgo es un Gobierno que transfiere riqueza de manera directa, en palabras de Marx, vuelve al sistema más rentista, consecuentemente, menos dinámico.
Segunda: “Quieran al Uruguay. No es perfecto. No se coman la pastilla”. Carnaval en estado puro, letra servida en bandeja para Tabaré Cardozo. Amar lo imperfecto es, sin dudas, laborioso, ahora, ¿a quién dedica la frase el Pepe? Por décadas los bancos uruguayos se comieron las pastillas de otras latitudes, en un beneficio de mutuo interés, claro, y ahora resulta que es mejor que nadie coma nada. El capitalismo no se organiza por deseos o por amor sino por rentabilidad, así distribuye sus circuitos. Si a los empresarios uruguayos nos referimos, “no comerse la pastilla”, se supone que quiere decir que no se lleven la plata afuera. Pues bien, si Mujica estuviera atento a algunas cláusulas de ciertos Tratados de Inversiones que tiene Uruguay entendería que los que confirmaron el permiso para que los empresarios se coman la pastilla, la guarden, la vomiten o hagan lo que quieran son los integrantes del gobierno anterior, es decir, del mismo Frent….
Tercera:  “Necesitamos un clima que propicie la inversión. Jugala acá, que no te la van a expropiar ni te van a doblar el lomo con impuestos”. Expropiar es quedarse con una propiedad y cualquier propiedad – aquí obviamente se hace referencia a la propiedad producida como momento de valorización – es riqueza objetivada. Por lo tanto, expropiar es quedarse con riqueza. ¿Hay posibilidades de mejorar las condiciones de las clases subalternas si no se quita riqueza de unos para transferírsela a otros? ¿Qué es, si no, una redistribución del ingreso? Una expropiación. Y cómo se haría, en términos prácticos, una redistribución si no es a través de impuestos, es decir, a través de los mecanismos administrativos sustentados por la capacidad estatal de imponer la ley. Y si el lomo se dobla, estamos frente a impuestos duros, se supone, lo que equivale a decir que la expropiación-redistribución es más efectiva. Pero, claro, el cuplé del Pepe no quiere saber nada de mezclarse con otros “expropiadores populistas latinoamericanos”. Pena que no estuviera Vargas Llosa para aplaudir…
Cuarta: “lo tenemos que afirmar los políticos, que ponemos la caripela con la gente”. ¿Siempre ponen la caripela? Más bien, a veces y cuando les conviene. Porque entre la gente y los políticos siempre se abre una brecha. A veces ponen la caripela sobre el final de la función, de manera calculadora, como con el plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad. Así que una cosa son los políticos y otra distinta la gente, curiosa acrobacia la de la identidad “compañera” frenteamplista. La última novedad del paquete electoral que tiene Mujica para su mandato consiste en anular el balotaje. Puede parecer un detalle, una “parlamentarización” de la política – porque todo se hace en un mismo turno, cuando se elige el Parlamento – como ocurre en otros países en distintas versiones. Pero quebrar los dos tipos de representación – una parlamentaria y otra presidencialista- y juntarlas en un mismo momento electoral es disminuir la capacidad ciudadana. Cuanto menos representación menos participación y, progresivamente, más reducción de los canales de acceso a nuevos cuadros. Quizás allí radique, también, la incomodidad de insistir con un Movimiento Popular de Participación. La gente cada vez más lejos y los políticos cada vez más políticos…
En definitiva, cuatro frases de carnaval del Pepe Mujica. Lo único deseable sería que el decálogo no se complete hasta el próximo febrero…
big_ZWM5YWI1ZTBlODY4MzE0YzIzMjQ2ZTZmMmViOWYzMWU=_f3b23d2a121d7a1d3c4273c750b4f068¡Menos mal que las dijo en tiempo de carnaval! Carnaval es el tiempo de las máscaras, de convertirse en arlequín y bailar por las avenidas; vestirse con una ropa de un color y otra de otro, y otra más del color más colorido. Y salir con el torso desnudo y pintarse el medio sol en la cara, o llevar una botella con agua mojando a los vecinos. Dejar de ser  feligrés por unas horas y sentirse un dios. La fantasía, hermano, darle la bienvenida a Momo no es cosa de todos los días. ¡Es carnaval, amor, es carnaval! Porque si no fuera carnaval… ¿qué quiso decir José Mujica?!
Para empezar, el desatino del lugar. Que aprovechar a los argentinos que estaban en el este, que los brasileños que este año vinieron en avalancha e hicieron subir los precios, que porque justo había un contingente de estadounidenses…pero una conferencia sobre la dinámica del capitalismo periférico y sus oportunidades [el título de la convocatoria era “Los empresarios en el Proyecto Nacional] no tiene mejor lugar para realizarse que en un Hotel-Casino? ¿En un casino el “Proyecto Nacional”? De este lado del Atlántico, para encontrar un casino tan frívolo como el Conrad hay que subir hasta… ¡Miami! Y empezó con los saludos: que “gracias por la presencia a Julio María Sanguinetti”, “bienvenido Luis Alberto Lacalle”, “buenas tardes señor Jorge Larrañaga” y… “¡bienvenido Pedro Bordaberry”! Es que todos tiran para el mismo lado, se supone, como en el carnaval. Y después las cuatro frases, una demostración exquisita de síntesis progresista.
Primera: “Invertir no es una timba ciega. El Gobierno tiene el deber de aminorar al máximo posible los márgenes de riesgo y ofrecer estabilidad”. ¿Un Gobierno tiene que aminorar el riesgo? Si hay algo que Marx distinguía con vehemencia era la renta del capital, comparando las potencialidades sociales que propiciaban los dos tipos de acumulación. Mientras que la renta construía dueños de riqueza inmobiliaria del más execrable parasitismo, la riqueza mobiliaria producida a través del plusvalor, hubo de instalar esas “palancas formidables del desarrollo burgués” que, si bien eran tan explotadoras y arbitrarias como las otras, liberaban determinadas energías sociales – precisamente las que se les volverían en contra. El riesgo es el último refugio de legitimidad del capitalista. Ahora, sin riesgo el capitalista deviene en una figura absurda. Por lo tanto, un Gobierno que aminora el riesgo es un Gobierno que transfiere riqueza de manera directa, en palabras de Marx, vuelve al sistema más rentista, consecuentemente, menos dinámico.
Segunda: “Quieran al Uruguay. No es perfecto. No se coman la pastilla”. Carnaval en estado puro, letra servida en bandeja para Tabaré Cardozo. Amar lo imperfecto es, sin dudas, laborioso, ahora, ¿a quién dedica la frase el Pepe? Por décadas los bancos uruguayos se comieron las pastillas de otras latitudes, en un beneficio de mutuo interés, claro, y ahora resulta que es mejor que nadie coma nada. El capitalismo no se organiza por deseos o por amor sino por rentabilidad, así distribuye sus circuitos. Si a los empresarios uruguayos nos referimos, “no comerse la pastilla”, se supone que quiere decir que no se lleven la plata afuera. Pues bien, si Mujica estuviera atento a algunas cláusulas de ciertos Tratados de Inversiones que tiene Uruguay entendería que los que confirmaron el permiso para que los empresarios se coman la pastilla, la guarden, la vomiten o hagan lo que quieran son los integrantes del gobierno anterior, es decir, del mismo Frent….
Tercera:  “Necesitamos un clima que propicie la inversión. Jugala acá, que no te la van a expropiar ni te van a doblar el lomo con impuestos”. Expropiar es quedarse con una propiedad y cualquier propiedad – aquí obviamente se hace referencia a la propiedad producida como momento de valorización – es riqueza objetivada. Por lo tanto, expropiar es quedarse con riqueza. ¿Hay posibilidades de mejorar las condiciones de las clases subalternas si no se quita riqueza de unos para transferírsela a otros? ¿Qué es, si no, una redistribución del ingreso? Una expropiación. Y cómo se haría, en términos prácticos, una redistribución si no es a través de impuestos, es decir, a través de los mecanismos administrativos sustentados por la capacidad estatal de imponer la ley. Y si el lomo se dobla, estamos frente a impuestos duros, se supone, lo que equivale a decir que la expropiación-redistribución es más efectiva. Pero, claro, el cuplé del Pepe no quiere saber nada de mezclarse con otros “expropiadores populistas latinoamericanos”. Pena que no estuviera Vargas Llosa para aplaudir…
Cuarta: “lo tenemos que afirmar los políticos, que ponemos la caripela con la gente”. ¿Siempre ponen la caripela? Más bien, a veces y cuando les conviene. Porque entre la gente y los políticos siempre se abre una brecha. A veces ponen la caripela sobre el final de la función, de manera calculadora, como con el plebiscito por la anulación de la Ley de Caducidad. Así que una cosa son los políticos y otra distinta la gente, curiosa acrobacia la de la identidad “compañera” frenteamplista. La última novedad del paquete electoral que tiene Mujica para su mandato consiste en anular el balotaje. Puede parecer un detalle, una “parlamentarización” de la política – porque todo se hace en un mismo turno, cuando se elige el Parlamento – como ocurre en otros países en distintas versiones. Pero quebrar los dos tipos de representación – una parlamentaria y otra presidencialista- y juntarlas en un mismo momento electoral es disminuir la capacidad ciudadana. Cuanto menos representación menos participación y, progresivamente, más reducción de los canales de acceso a nuevos cuadros. Quizás allí radique, también, la incomodidad de insistir con un Movimiento Popular de Participación. La gente cada vez más lejos y los políticos cada vez más políticos…
En definitiva, cuatro frases de carnaval del Pepe Mujica. Lo único deseable sería que el decálogo no se complete hasta el próximo febrero…
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  1. 2010 Marzo 2

    Pepe y en general los tupas, siempre fueron bastante despojados de teoricismos. de hecho, por encima de algunos de sus rasgos ideológicos de origen, como el anarquismo o el nacionalismo de izquierda, siempre estaba el pragmatismo. en el último tiempo, a ese pragmatismo congénito, se le suma una sobreactuación de liberalismo que cuesta un poco pensar dónde puede terminar. por ahora, tiendo a pensar que le está imprimiendo una dosis de adrenalina a un proceso que venía abusando de la moderación y la previsibilidad. saludos

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