En Chile ganó el progresismo…
Finalmente ayer se realizó el ballotage que devolvió a la derecha chilena, tras 50 años, el poder político por la vía democrática. El hombre más rico de Chile, Sebastián Piñeira, se impuso por 51,61% contra 48,38% de Eduardo Frei. Así se cierra un ciclo en el país trasandino que comenzó con el plebiscito de 1988, en donde la mayoría de los chilenos votaron por el fin de la era Pinochet.
La historia seguramente dirá que estos 20 años de Concertación fueron los mejores de ese país en cuanto a performance económica y a las mejoras sociales. Hace unos pocos días, algo de eso se vio materializado acá. La reducción de la pobreza desde un 40 % a principios de 1990 a un 13% actual, el crecimiento económico con un promedio para nada despreciable de un 5% anual desde el retorno a la democracia, fue acompañado de mejoras graduales en el sistema de salud y, con más claroscuros, en el sistema educativo. En lo político, estos 20 años significaron la modificación de algunos aspectos de la constitución pinochetista de 1980 como el fin de los senadores vitalicios o la subordinación de las FFAA a la autoridad civil, sin embargo algunos de los núcleos centrales se mantuvieron inmunes al paso del tiempo: el sistema binominal y la apropiación del 10% de las regalías del cobre para las FFAA, centralmente.
Ayer, tras 20 años, y tras la mejor presidencia de la Concertación, en Chile se cerró un ciclo de forma contundente: casi todo el país, con algunas excepciones en escasas regiones del norte, y con un voto policlasista, Sebastián Piñeira se impuso.
Fin de ciclo
Michelle Bachelet asumió como la primera presidenta mujer del país en 2006. El comienzo de su administración fue accidentado. Primero el conflicto con los estudiantes (conocidos como los pingüinos) y luego la gran crisis por la instrumentación del nuevo sistema de transporte de Santiago. Sin embargo, desde el fondo, y a partir de una buena administración de los recursos brindados por la exportación del cobre, fue realizando una política social expansiva, cuyo principal logro fue la reforma previsional. Estas medidas le permitieron ir remando la situación hasta lograr contar, a la fecha, con una aceptación inédita del 80%. Aún así, esa altísima imagen positiva no pudo ser transferida al candidato de su espacio. ¿Qué pasó entonces? Lo primero que habría que pensar es qué significa ese 80% o, mejor dicho, cómo se compone políticamente. Seguramente una parte de ese porcentaje estuvo en el encanto aportado por la no reelección, vedada constitucionalmente. Por otro lado, la buena administración y la proactiva política social aportó mucho. Sin embargo todos esos méritos siempre fueron capitalizados por una figura y por un gobierno, no por el espacio político que lo sustentaba. Un primer dato, entonces, es la escisión entre construcción gubernamental o gestión, por un lado, y construcción política por el otro; cuestión sobre la cual algunos integrantes de la Concertación ya han centrado sus análisis.
Otro aspecto que fue central en la derrota de la Concertación fue la emergencia por afuera de alguien que hasta hace poco jugaba por adentro: Marco Enriquez Ominami. Su salida del espacio gobernante, en el marco de la campaña, se dio como una interna abierta del espacio social y político que en el ´88 había votado por el NO. ME-O, el villano según muchos concertacionistas, probablemente sintonizó mejor con la nueva época social y cultural chilena, aspecto que fue retribuido con más del 20% de los votos en la primera vuelta. La Concertación, a esa propuesta, le opuso un candidato que ya había sido presidente y figura de primera línea desde aquel plesbecito.
Sumado a los dos motivos mencionados anteriormente, la derecha, esta vez, fue con un solo candidato; encima, con uno que se fue corriendo al centro al punto de reivindicar y tomar como propios para una futura gestión, los logros sociales de Bachelet.
Será imposible saber cuánto de cada una de estos tres aspectos fueron claves. Lo que sí está claro es que en Chile ganó el progresismo, pero no un progresismo cuyo eje político se articulará en torno a lo social sino uno que se desplegó sobre el tiempo: cambio. Cambio tras veinte años de un mismo espacio.
En la política trasandina se cerró un ciclo. Aquel inaugurado por el plebiscito que tuvo como emergente a la Concertación, y que tras la muerte de Pinochet, tuvo como último mojón la derrota de ayer del otro espacio político de la era posdictadura.
El nuevo presidente
Sebastián Piñeira asume un país relativamente ordenado en lo político y en lo económico. Con un modelo de acumulación, cuya estrella son los TLC, que nadie, nadie, discute. El mayor déficit social de la Concertación en sus 20 años de gobierno fue el no haber reducido una de las brechas de desigualdad más importantes, en el de por sí más desigual continente de la tierra; situación que fue remarcada, incluso, por muchos de los triunfadores del domingo. Su promesa de crear un millón de puestos de trabajo y de que Chile pase del crecimiento al desarrollo son más que loables, las recetas a implementar para recorrer este camino son de dudoso desenlace con propuestas poco renovadoras como esta.
El giro a la derecha (una derecha que aún con la pesada herencia de los 17 años de Pinochet y las 28.000 víctimas de su proceso, no se avergüenza en llamarse como tal) seguramente obedeció más a cuestiones nacionales que a un cambio de rumbo regional. Los recientes triunfos del MAS en Bolivia y del FA en Uruguay, pueden ser un contrapeso a los balances acelerados que se están haciendo. Aún así, el fin de la experiencia progresista más antigua en la región invita a pensar cuestiones como la construcción política o los cambios culturales y sociales derivados de la bonanza económica que se produjeron y se producen en las sociedades gobernadas por la (ya no tan) nueva izquierda latinoamericana.

muy buen panorama Memo. una cosa mas para agregar sobre “Locomotora” Piñera: desde 2005 se recostó en la gloriosa CGTEL SA, que es la persona jurídica de Chilevisión. lo pienso por dos cuestiones: por un lado, la comodidad en que procesan las nuevas tecnologías las nuevas derechas y la paradoja de que el último presidente de derecha en Chile, Jorge Alessandri Rodriguez era un enusiasta opositor a que la televisión llegara al país. por otro lado, en todos los procesos progresistas de la región, los medios de comunicación han sido un actor importante del arco opositor cuando no su vanguardia.
Es un excelente trabajo, aunque el hecho de que mis líneas principales de análisis vayan bastante cerca de su corriente central me vuelve más subjetivo que la media…
En efecto, una de las claves con las que debemos pensar el tiempo político que se abre es la naturaleza de los cambios sociales y culturales asociados al crecimiento económico propiciado por la constelación de formaciones políticas que hacia 2005 llamábamos “nueva izquierda”.
Por otra parte, es difícil argumentar que este giro no tendrá secuelas en materia de política regional. La sola sospecha de que las habrá -véase el discurso de Lula al respecto- ya incide sobre la realidad. Seguramente sucederán cosas similares por estos pagos.
Texto digno de recomendación.
Un abrazo,
EM
Lo del tema de las incidencias regionales no es que no estén, como bien aclarás por el discurso de Lula, sino que el punto que quería resaltar es que el triunfo de Piñeira obedece a un ciclo interno concluído. Al punto que en campaña, él, no hizo hincapie en cuestiones como la relación con la Bolivia de Evo, o la Venezuela de Chavez, estuvieron pero laterlamente. Se centró en elementos endógenos. Que va a resonar en la región, aún así, es evidente.
Sldos y gracias
Emanuel