2010: ¿y ahora por qué vienen?
En este año Chávez y Uribe seguirán mostándose dientes, asumirá Mujica, perderá la Concertación y hasta es posible que a finales de año el frente político de Ollanta Humala en Perú gane las elecciones regionales y se resquebraje un poquito el sueño norteamericano del conglomerado del pacífico (Chile, Perú, Colombia y México). Aunque las encuestas para presidente en el 2011 muestran arriba a un alcalde conservador y a Keiko Fujimori peléandole el segundo lugar a Ollanta. En este año, habrá la segunda vuelta en Chile -ahora, el 17 de enero-, presidenciales en Colombia en mayo, regionales en Perú en noviembre, y legislativas en Venezuela para diciembre. Y escalonadas entre julio y noviembre las de gobernadores y diputados en México. Las perspectivas para la ola progresista/nacional-popular son bastante malas. A lo sumo se puede aspirar a mantener posiciones. No más.
Pero el dato estructural a tener en cuenta para la región tiene que ver con que todos los países latinoamericanos (en mayor o menor medida, exportadores de materias primas) puedan o no continuar con el esquema económico que emergió en 2003: precios altos para los productos, que funcionaron como la llave para logar estabilidad macroeconómica y dotar de recursos a los gobiernos para financiar planes sociales y tibios emprendimientos de infraestructura. La crisis de fines de 2008 y 2009 produjo algún cimbronazo en esta sencilla ecuación, pero las noticias de comienzo de año son alentadores en el sentido de que la tendencia alcista no se detiene.
A derecha e izquierda, los economistas vienen advirtiendo que esta tendencia -que va en contra del ciclo histórico de “deterioro de los términos de intercambio” que suponía la desventaja de vender materias primas baratas y comprar bienes industriales caros- va a fenecer en cualquier momento. Claro que esa opinión se sustenta en lo que ya ocurrió en el pasado y las cosas, si bien tienden a repetirse, a veces cambian. La FAO (el ente de la ONU dedicado a la alimentación) estimó que el alza de los bienes primarios -especialmente los alimentos- podía seguir hasta 2017 por lo menos. El tema es qué se hace con esos recursos. Si un hilo conductor tienen los gobiernos progresistas de la región es que buscaron la apropiación relativa de esa renta, con el fin de aumentar los ingresos estatales para impulsar planes sociales, de infraestructura y de ampliación de la demanda. Algunos de manera más radical, otros más moderadamente, todos caminan por ese sendero. El posible giro a la derecha de la región, sobre todo en Brasil, ¿cambiará eso?
Acá hay que anotar que ningún gobierno, ninguno, logró aún superar esta dependencia estructural en su economía. Revolución bolivariana mediante o nacionalismo brasileño recargado, todos los experimentos políticos populares tienen su talón de aquiles en la cotización del crudo, la soja, el cobre, el gas, etc, en los mercados mundiales.
Sin embargo, todos los sectores conservadores (acá, en Brasil, en Venezuela, en Chile, etc) están ávidos de retornar al poder. ¿Para qué? ¿Cuál puede ser el programa para ellos si llegan al gobierno o a instancias de condicionamiento? En el ciclo anterior de gobiernos reaccionarios, la línea bajada desde las usinas de poder era más o menos clara: reducción del Estado y apertura económica. Programa cumplido. ¿Y ahora? El ajuste, en el formato que sea, es la tentación de toda elite que ve en cada inversión social un gasto a recortar. Pero “ajuste” ya no significa vender empresas públicas “ineficientes” ni recortar beneficios a asalariados en relativo estado de holgura,si no una asistencia social que mitiga el hambre y dinamiza un mercado interno todavía esquelético.
Para el despiste de la dama y el asombro del caballero nos encontramos con las siguientes perspectivas y recomendaciones de la OCDE para el 2010:
