Significantes inacabados: el progresismo

2009 Diciembre 20

imgEn política hay discusiones de larga data. La pregunta por el progresismo, por su ser, es una de ellas. Un breve recorrido histórico podría decir: en el siglo xix el progresismo fue el heredero de las ideas positivistas de moda en la época, que tuvieron como uno de sus exponentes centrales a Augusto Comte. Este fue el autor de la célebre frase que se materializó en la bandera del Brasil, Ordem e Progresso, y fue también el que nutrió el campo político cultural de aquellos años con sus reflexiones. A la versión brasilera se le agregaron las versiones argentinas y mexicanas. Para Roca fue Paz y Administración, y para Porfirio Díaz Nada de política, mucho de administración.

 

Así, en la segunda mitad del siglo XIX la idea de progreso caminaba de la mano de la idea de orden público oligárquico frente a la conflictividad social y política, como condición necesaria para atraer inversiones que derramaran en horizontes de prosperidad para la población. Siguiendo ese catecismo, el progreso sólo era una cuestión de tiempo. Porfirio Díaz, quien estuvo más de 35 años en el gobierno mexicano, sufrió en carne propia los límites de ese modelo cuando le estalló la revolución de Zapata, Villa y Madero.

 

En el siglo XX, en el de Hobsbawm, aquel que va desde 1917 a 1989, la pregunta por el progresismo, sobre todo en esta parte del mundo, no logró convocar adhesiones fervientes como en el siglo anterior. Recién tras la caída del muro de Berlín y el colapso de los estados intervensionistas latinoamericanos ésta comenzó a formar parte de los menúes de discusión política.

 

La versión salvaje de la apertura económica y de la retirada estatal de sus funciones sociales, le devolvió al progresismo una centralidad en la escena política: la nueva agenda progresista vendría de la mano de la necesidad de transparentar la política, eliminar la corrupción y el clientelismo, así como de compatibilizar crecimiento con distribución de sus frutos. La Alianza, en la argentina de 1999, fue la experiencia más acabada de ello. Su fracaso, en todos y cada uno de sus fundamentos, es harto conocido.

 

El ciclo de los Kirchner que comenzó en 2003 volvió a poner sobre la mesa este debate. El progresismo como la forma de nombrar al centroizquierda en la era K primero se enfrentó al debate con el espacio de Elisa Carrio, a partir de la hendija abierta por la política oficial de la memoria, del desendeudamiento y de la reforma de la corte suprema menemista.

 

En la actualidad, tras seis años de ciclo kirchnerista, esta discusión rechaza la idea de retirarse. La credencial progresista encuentra tres espacios: este, este y este otro. Mientras que el primero es aquel representado por el amplio y brumoso espacio K, los otros corresponden a los sectores de Pino Solanas y al de la fracción progresista del pan radicalismo.

 

Para Solanas la cosa es sencilla. El kirchnerismo no es progresista, su matriz ideológica es reaccionaria sólo que encubierta. Listo. Pino y a la bolsa. La discusión ahí parece ser de esencias. En el espacio pan radical el aspecto ordenador pasa por las formas: para Ernesto Sanz la cuestión no es el modelo de país sino el modelo de poder.

 

Acá, creemos que la discusión sobre el centro izquierda o progresismo pasa primero y necesariamente por otro lado: por las relaciones sociales que se privilegian en cada gestión de gobierno. Un debate que pretenda centrarse en las ideologías de los proyectos de poder tiene necesariamente ese primer aspecto como divisor de aguas. Dime a qué sectores sociales privilegias y a cuáles no tanto (o perjudicas) y te diré quién eres. Sin embargo conformarse con eso y no dar cuenta de otros aspectos, sean de carácter institucional, de velocidades políticas o de direcciones, es una limitación autoimpuesta destinada a reforzar catecismos ya definidos de antemano.

 

A 8 años de los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 si bien la dirigencia política (casi toda) tuvo el mérito de lograr reconstruir el sistema político institucional, los partidos, el corazón de la democracia, todavía están en deuda. La discusión ideológica o, sobre la idea más amena de proyectos, todavía está renga; y ello, en épocas líquidas, es un lujo que ningún espacio que se pretenda progresista o popular o de centroizquierda se puede dar.

6 Comentarios deja otro →
  1. 2009 Diciembre 21

    Algo de lo que dice Martín, su verdad número 7: “No hace falta decirse progresista para serlo.”

    Este gobierno, además, se lo dice.

    Pero yo veo otra diferencia entre las tres alas que bien señalás de la centro-izquierda: Sabatella fue el único que gestionó, que tiene una carta más que los otros para mostrar. Me parece que a Martín, al menos en épocas de campaña, le va a convenir jugar más esa carta que la “ideológica” (sus posturas ante X tema) o la gobiernocéntrica (su relación con el kirchnerismo: el cuatro de copas de Sabatella, la mano que ya perdió, que va a seguir perdiendo y que tenía, necesariamente, que perder. Me pregunto, de todas maneras, si pensando a largo plazo no está tan mal dejar pasar primera).

    Muy bueno el post.

  2. 2009 Diciembre 21
    DanielGB permalink

    ¿Es acaso este gobierno progresista? o en el mejor de los casos es simplemente peronista.
    Y en ese caso ¿Hay un peronismo realmente existente progresista?
    Digo, hablando de significantes inacabados/vacíos.

  3. 2009 Diciembre 21
    Marcelo DB permalink

    Muy interesante el articulo, muy nutriente para un debate que da para mucho. Si bien no soy un experto en la materia ni tengo muchos elementos para profundizar en las ideas vertidas, creo que el termino progresismo no es el indicado. Tanto ese termino como el de clientelismo encubren cuestiones complejas que tienen que ver con la cultura politica nacional, donde el peronismo es el fenomeno no solo mas sobresaliente sino mas significativo. Uno de los rasgos mas importantes del llamado kirchnerismo, sino el mas importante, es la potencia que le dio a la politica como espacio de lucha y compromiso, debate de ideas y enfrentamiento a los poderes realmente existentes. Lo demas es todo debatible, si el debate es serio. No creo sea el caso de proyecto sur, carrio y los sectores mas reaccionarios del radicalismo, el mismo peronismo y el pro. En este sentido Sabatella tiene la postura mas “realista” porque gestiono haciendo politica, no solo moviendo papeles y sabe muy bien cuales son las fuerzas que pujan por el poder en un Estado. Y sabe que el Estado y sus instituciones no son el poder, sino el resultado de las luchas por el poder.

  4. 2009 Diciembre 23

    “Dime a qué sectores sociales privilegias y a cuáles no tanto (o perjudicas) y te diré quién eres.”
    Ahí va.
    Desde el 2003 para acá nos la pasamos intentando desmenuzar, intelectualizar y poetizar al kirchnerismo. Estuvo bien. Algunas cosas aprendimos en el camino, otras siguen siendo interrogantes. A veces nos pasamos de mambo en el rebusque. Creo que este tiempo de pausa, de retroceso, de avance -se verá- pero con seguridad de pasar en limpio lo hecho, necesita de frases con esa. Hay que construir un discurso más cristalino. Hay que simplificar, para aclarar, para convencer aunque sea al tío en la cena de nochebuena.

  5. 2009 Diciembre 24
    memo permalink

    me cuesta ubicarlo a sabatella, no porque no tenga credenciales ideológicas y de gestión sino por el lugar político en que elige posicionarse. no fue k cuando todos querían la foto con kirchner, apoyó al gobierno en el conflicto del campo, y ahora eligió no ser ni del grupo a ni del grupo b. el tiempo dirá si eso le permite crecer o lo deja en una tercera posición imposible para contextos como el actual.
    sobre el peronismo y el progresismo, creo que el anteojo para ver eso es la frase que resalta fede; un gobierno, cualquiera sea, que privilegia a los sectores sociales históricamente desfavorecidos es progresista, por más que no tenga los habitos y rituales de esa fe.

  6. 2009 Diciembre 24
    Facundo permalink

    Netamente podemos identificar que el llamado progresismo no termina siendo más que otro confuso término que quiere “endulzar” las cosas. Si alguien puede autollamarse progresista debe poder sostener esas palabras con hechos, porque al fin y al cabo terminamos siendo todos “zurdos”, “progres” y demás. Básicamente hay que entender que la política hoy en día está basada en el discurso, y está mal muy mal, porque la verdadera política es la de las ACCIONES.
    A lo que quiero llegar es a lo siguiente: en el actúal gobierno podemos identificar muchas medidas que se inclinan hacia los sectores más desfavorecidos (llámese acciones progresistas), pero por otro lado vemos ciertas acciones que no pueden llevar la misma etiqueta, la constanste liberalización del espacio minero y pesquero, la paga de la deuda externa que había sido declarada ILEGíTIMA e ILEGAL, lo cual desvaloriza mucho el intento de progreso en nuestro país.
    En cuanto a las otras fuerzas políticas podemos decir que el radicalismo está muy vapuleado por sus propios errores antiprogresistas, Pino Solanas ha cometido serios errores (como el voto en contra de la redistribución y unirse al PRO, algo intolerable para una verdadera fuerza progresista). Luego tenemos al PRO que es la ultra-derecha nacional con características del partido fascista italiano. Por último encontramos a Sabattella que es la fuerza más netamente progresista, que tira siempre a favor del pueblo y es totalmente INTRASIGENTE (fue el único bloque que no se unió a la “oposición” del PRO y sus amigos -entre ellos PINO- ni al “oficialismo”).

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