Latinoamérica Armada

2009 Diciembre 13

¿Qué pasa si los nuevos gobiernos latinoamericanos, los 1257061541-lula-sarkozy-sellan-alianza-militar-miras-mercado-america-latinagobiernos “populares”, de centro izquierda, o progresistas, terminan confirmando presunciones teóricas que el progresismo siempre descartó?  Es que nombrar esta ola de gobiernos progresistas implica sostener, entre uno de los logros, la relación pacífica entre los Estados: incluso los conflictos intentan ser resueltos por mecanismos institucionales. A la Corte de la Haya, en ese sentido, ha acudido Perú por el conflicto limítrofe con Chile, así como el irresuelto conflicto entre Argentina y Uruguay por las pasteras de Botnia tuvo su paso por esa corte internacional. El Unasur, en ese sentido, a pesar de que se ha esforzado en apaciguar las aguas de la tensión entre Venezuela y Colombia, aún no ha encontrado el espacio definitivo de acción para la mediación entre Estados soberanos.

La situación regional al día de hoy es absolutamente pacífica y, sin embargo, algunos datos parecieran contradecir la afirmación: América Latina ha incrementado el gasto militar, y el rearme de algunos países es indiscutible. En septiembre de 2009, Lula festejaba 187 años de independencia del Brasil anunciando el mayor acuerdo militar del país desde la Guerra Fría: con Sarkozy llevando al líder del PT casi del brazo a una futura silla en el Consejo de Seguridad en la ONU, Brasil compró ese día material militar francés –entre submarinos, helicópteros y aviones –por más de 10.000 millones de dólares, y realizó un acuerdo fundamental para la construcción de submarinos de propulsión nuclear.

También Chile realizó compras de armamento en tierras francesas este año, cuando el ministro de Defensa de la Concertación, Francisco Vidal, anunció la compra de aviones antisubmarinos y helicópteros. Un dato particular surge del caso chileno: a pesar de atravesar algunos conflictos limítrofes con Bolivia y Perú, y aún cuando Chile ha adquirido material bélico, no sólo el presupuesto militar ha descendido en términos relativos (del 3.7 al 3.4 del PBI, según datos de la organización sueca SIPRI) sino que la propia Michelle Bachelet envió al Congreso un proyecto de ley que deroga la Ley Reservada del Cobre, que le otorgaba a las Fuerzas Armadas el 10% de las ventas de Codelco, incorporando al sistema general del Estado el gasto en equipamiento bélico.

Similar es la relación de Venezuela con la Rusia de Putin, la cual ha otorgado diversos créditos para financiación de su propio armamento. El conflicto de Venezuela con Colombia pareció haber acelerado los trámites durante septiembre de este año, para la compra de material estrictamente bélico como tanques y sistemas de misiles por más de 2.200 millones de dólares.

Lo que intenta, sin embargo, este texto, no es hacer un listado armamentístico de cada país, sino refutar una falsa paradoja: que los gobiernos progresistas no pueden, ni deben, tener una política de Defensa, una política respecto de sus Fuerzas Armadas. Adaptadas a las circunstancias particulares de cada país de la región, las políticas de Defensa han servido en estos años para sostener, entre otras cosas, políticas de seguridad de los recursos naturales: el descubrimento de yacimientos petrolíferos en Brasil está íntimamente relacionado con una política de defensa de esos mismos recursos. De otra manera, Evo Morales utilizó la estructura de las Fuerzas Armadas en un sentido diverso: ante un Estado devastado, el aporte de cinco mil efectivos le permitió llegar con el Bono Juancito Pinto -200 bolivianos a niños de entre 6 y 14 años de las escuelas públicas –a lugares que las redes sociales estatales no llegaban.

De manera tal que no existe un necesario e irresoluble dilema entre el progresismo y las políticas de Defensa. Sin caer, tampoco, en el realismo absoluto de entender las relaciones internacionales en términos de municiones, los gobiernos progresistas de América Latina dan cuenta de estos temas porque, por primera vez, las izquierdas latinoamericanas tienen ante sí la tarea de gobernar. La anarquía del orden internacional exige, como mínimo, ciertos recaudos. En ese sentido, el discurso del presidente norteamericano Barack Obama al recibir el Nobel de la Paz parece explicar de manera más clara lo que aquí se ha tratado de exponer: “(…)Entonces, parte de nuestro desafío es reconciliar estos dos hechos aparentemente irreconciliables: que la guerra a veces es necesaria y que la guerra es, de cierta manera, una expresión de desatino humano. Concretamente, debemos dirigir nuestros esfuerzos a la tarea que el Presidente Kennedy propuso hace tiempo. “Concentrémonos”, dijo, “en una paz más práctica, más alcanzable, basada no en una revolución repentina de la naturaleza humana, sino una evolución gradual de las instituciones humanas”. Una evolución gradual de las instituciones humanas”.

Políticas de Defensa, también, que implican la organización de instituciones regionales. La creación del Consejo de Defensa del Unasur es un dato alentador: las relaciones internacionales no pueden, ni deben ser, el fruto de las amistades particulares de gobiernos ideológicamente afines, sino una construcción que supere esta coyuntura. Es extraordinario el desafío para los gobiernos latinoamericanos: romper el viejo tabú de las izquierdas con respecto a las Fuerzas Armadas. Porque, más allá del tema estratégico y político, representa un desafío que es fruto de una victoria: la victoria de, por primera vez, hacerse cargo de la ardua y fundamental tarea de, nada menos, gobernar.

5 Comentarios deja otro →
  1. 2009 Diciembre 15

    Sí, hay un tema ahí. ¿Cómo pensar a las fuerzas armadas de un país en un contexto de busca de unidad regional?
    Pareciera que el viejo pensamiento de hipótesis de conflicto con vecinos (salvo algunas excepciones) se va alejando, pero sin ser reemplazado por otro nuevo, acorde con el programa político de integración.
    Los únicos que aparecen con un discurso más o menos claro son, Brasil, Venezuela y Colombia.
    el primero por tamaño, porque además una revitalización de las FFAA es imprescindible para un país que busca ser líder mundial, porque ese marco le amplía las facultades de maniobra frente a EEUU, etc. Es más, no es casual que sea Brasil el mayor impulsor del hasta ahora fatasmagórico Consejo Sudamericano de Defensa. Brasil es el paraguas de la región. Venezuela porque tiene intenciones de avanzar en una revolución antiimperialista que la ubica en la mira del cañón yanqui y porque comparte 2.300 km de frontera con Colombia, el narcotráfico y las FARC. Y Colombia porque tiene una guerra civil adentro y además, en ese marco, aceptó ser la cabeza de playa norteamericana. Por eso resultaría estratégico terminar con las FARC, sellar un acuerdo de paz y mejor si es muñequeado por Brasil. Y comenzar a ordenar al país mas disruptor del proyecto UNASUR.
    Si la idea de la integración sigue su curso, si el Consejo se afirma, etc, no veo mucho futuro para los ejércitos nacionales en el mediano plazo.

  2. 2009 Diciembre 15
    DanielGB permalink

    Las “izquierdas” latinoamericanas tienen ante si la tarea de gobernar.
    Las izquierdas, así entre comillas puestas por mi, son el foco de la cuestión.
    La inversión en FF. AA. y su consiguiuente revalorización implican por un lado algo de lo que Fede expone. como pensarlas en un contexto regional.
    Y por otro, mas interno, el fin de un largo sinuoso camino que es la transición democrática, la definitiva reconciliación de los gobiernos con sus ejércitos, es difícil pensar un país sin sus FF. AA.

  3. 2009 Diciembre 15

    Propuesta para las FFAA Brasileñas, en coordinación con las de Argentina y Uruguay : Si Paraguay no aprueba el ingreso de Venezuela al Mercosur en 15 días…..reeditamos la guerra de la triple alianza.

  4. 2009 Diciembre 16
    memo permalink

    muy bueno el post che. llevando el tema a una cuestión de cabotaje excluyentemente me ronda por la cabeza lo siguiente: el progresismo argentino pos 83 demonizó con justicia a las ffaa, el gobierno nacional saldó deudas históricas con la política de justicia y memoria. pero en el aquí y ahora, y en el futuro, parece que es como la inseguridad. no se discuten desde este lado. los únicos que tienen agenda son las derechas: desde el “dejar de humillar a las ffaa” de carrio y cia, hasta el pedido de volver a armar a las fuerzas, a la luz de lo que pasa en nuestros países vecinos. ahí me parece que hay un problema político porque no tener una mínima agenda es eso. con la inseguridad desde acá se habla sólo de las raíces sociales que la generan. y punto. con las ffaa, sólo de los delirios del defacto y, militarmente, de la derrota de malvinas. punto. eso es un problema.

  5. 2009 Diciembre 17

    Fede y Dani: tal vez la cuestión pase por lo siguiente. Es necesario, me parece, re-pensar las FFAA desde cero. Desde el rol que deben cumplir: ¿para qué están? No digo innovar (no, por ejemplo, la propuesta del compañero Duhalde de convertir los predios militares en cárceles), digo ponerse a pensar por qué todos están viendo algo que nosotros no vemos. Las relaciones internacionales más o menos funcionan así, ¿no?, si van todos para un lado, hay que ir para ahí, sobre todo cuando no sos el capanga de la cosa.

    Memo: estoy de acuerdo, con excepción de algo. La derecha tampoco sabe qué hacer con las FFAA, y eso es una ventaja. El primero que empiece a plantear esta agenda lleva ventaja. Claro que, también, trae sus riesgos. ¿Puede, por caso, la centroizquierda por ejemplo, traer este tema a la agenda sin incomodar a sus bases?

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