La guerra y la paz
2009 Diciembre 29
“La democracia saludó así…“
Hace pocos días concurrí a una audiencia ordinaria de uno de los juicios correspondientes a una Mega-causa de violación a los Derechos Humanos que se tramita en un juzgado de Comodoro Py. ¿Qué había ahí? Había 3 o 4 ex militares procesados por delitos de lesa humanidad, sentados en el banquillo, a escasos metros de la humanidad de cualquiera, con cara de aburridos, que oían casi sin pestañear los testimonios de quienes fueron, probablemente, sus víctimas. Quizás uno de los entretenimientos de estos hombres durante esa jornada pasó por observar la verdadera pasión de la defensora oficial que representa a un grupo de ellos, y frente a la que daban ganas de decir: ¡yo quiero que el día de mi juicio me defienda alguien así! Un dato: el mismo ahínco –dijo un abogado- lo pone para defender a los ladrones de gallina que también caen allí. Bien por la señorita que les enrostra a los antiguos Generales las virtudes del estado de derecho: alguien hace el trabajo sucio de buscar que la pena que corresponde a los delitos de lesa humanidad se atenúe, se diluya en “cosas juzgadas”, etc. Y el Estado le paga por ello. Es decir, alguien camina por el laberinto de víboras de esos hechos para descubrirles una salida. Del otro lado: madres de plaza de mayo, testigos, militantes de HIJOS, todos con sus abogados, todos diciendo su verdad, jurando decirla, y exponiendo firmemente una trama que muchos ya conocen pero que dicha ahí, en el perímetro de la justicia, suena a lo que se dice por primera vez. Pues bien, será justicia. Pero es indispensable articular esa escena mas bien solitaria, de una mañana de diciembre, en un subsuelo de los juzgados federales, en un edificio que se ubica a escasos metros de la parroquia Stella Maris (donde monseñor Graselli “consolaba” y “anotaba”), con el bullicio del pasado reciente: todas las movilizaciones que la produjeron. Es como la desembocadura de esa gran agitación de las mareas, a través de la cual la democracia no sólo cargaba el peso de sus muertos (sus excluidos y miserables producidos desde 1983) sino ese origen fundado en una trama de avances y retrocesos, de una democracia que cada vez mas nacía el 24 de marzo de 1976, y cada vez menos el 10 de diciembre de 1983. Desde las primeras marchas de la resistencia, desde el nacimiento del pañuelo en la peregrinación a Luján, desde el juicio a las Juntas, desde la CONADEP, desde los 100 mil que marcharon a plaza de mayo el 24 de marzo de 1996, desde los escraches, etc., todo eso llevó a esta desembocadura que, acaso, no constituya la expectativa de una justicia definitiva. O sea, ¿todo eso qué escena produce? Una escena gris. El gris de una mañana de diciembre, de una tarde… de unas semanas y unos meses en los que se volverán naturales los rostros de jueces y secretarios y fiscales que no van a quedar en la Historia como los de un Strassera, y que también harán notar sus simpatías hacia las víctimas, pero que alguna vez archivarán esas causas y renovarán sus compromisos y sus éticas al calor de otras causas. Hombres en el banquillo de los acusados, familiares “de unos y otros”, la inocencia hasta que se demuestre lo contrario, y las defensas oficiales, y la presunción de que la existencia -esencial a un sistema de derecho- de una defensa oficial podria funciona tambien como una admisión publica acerca de la existencia de varios relatos de aquello que fue el Proceso, todo eso que permite entrever que lo que se salda en la justicia no es todo, ni aplaca el dolor, ni venga, ni alcanza… pero es. Es un resultado, es una acumulación, la posibilidad de que alguna vez se diga con menor dramatismo y vergüenza: se hizo ya todo lo que se pudo. “La democracia es gris”, dijo Beatriz Sarlo, en un contexto reciente, en que salía a cortar de cuajo el entusiasmo épico de la 125, y cerrando también el paso de muchos de sus antiguos camaradas, correligionarios, compañeros o amigos. El gris se hace con la mezcla inocente y bastante pareja (o según) de blancos y negros. Todo resultado de un conflicto tiene su tendencia hacia lo gris: porque los juicios a los delitos de lesa humanidad tanto como las colas en ANSES de las madres universales son hechos cotidianos realizados por cuerpos y almas de carne y hueso, sometidos al ritmo institucional de algo que ya no depende de las voluntades de las víctimas porque se llegó al punto esperado de que esa voluntad se cedió. O al menos algo ya se ha cedido. La democracia es la continuidad de la guerra y la paz en el Estado. Y eso está lleno de cosas que no se resuelven hoy, sino mañana, de pequeñaspostergaciones y pequeñas negociaciones. Todo resultado es provisorio, toda verdad es relativa, y de la democracia lo gris, acaso, sean las consistencias: nada, tampoco en la política, es todo lo que uno espera. Ninguna mujer espera 180$ por hijo: porque ningún hijo tiene precio. Pero está dispuesta a cobrar y pagar ese precio. Eso lo sabe una madre universal y una de plaza de mayo. El Estado quizás sea eso: poner resultados a la lucha del bien contra el mal, esa guerra de guerrillas y mercados que se solazan al calor de todas las instituciones que encubren que esto es una guerra y que -dependiendo de muchas cosas y de muchos- siempre puede volver a correr sangre. Que el Dios laico (y el otro) no lo permitan. Feliz 2010.

clap clap.
l.
“La democracia es la continuidad de la guerra y la paz en el Estado. Y eso está lleno de cosas que no se resuelven hoy, sino mañana, de pequeñaspostergaciones y pequeñas negociaciones. Todo resultado es provisorio, toda verdad es relativa, y de la democracia lo gris, acaso, sean las consistencias: nada, tampoco en la política, es todo lo que uno espera.”
Buenísimo. El tema de largo plazo para esta etapa, entonces, sería doble: o renunciamos a toda búsqueda épica en la acción política, a todo sentido trascendente, o buscamos épicas más austeras -si podemos llamarlas épicas todavía-, que den sentido a la gestión democrática, inherentemente gris, de los conflictos sociales.
Un gran abrazo,
EM
Gran libro de León. Aunque no sé si hubiese estado tan de acuerdo en preponderar las “virtudes” del estado y con él la democracia. No nos olvidemos que a esas vidas se las llevo el estado y que la democracia no es más que parte de la agonía que sufren los pueblos y que más que gris pareciera ser una máscara que esconde tiranías institucionalizadas, reflejadas en el manual del “buen ciudadano”.
No se si es posible, – ¿o acaso corresponde?- conformarse con “se hizo todo lo que se pudo”, el drama sigue vivo, latiendo, sin posibilidades de extinguirse, el estado sigue sin dar respuestas.
Si la democracia es aceptar, asumir o conformarse con la respuesta que ofrece en calidad de “solución” la delgada línea que separa a la justicia de los delitos de lesa humanidad, no habría lucha con sentido. La lucha es una contradicción sin fin cuya respuesta no la da el estado ni se refleja en él. La lucha no debe estar contenida por el estado ni vestida en la democracia.
Acá lo gris lo veo en la ausencia de pasión y convicción que entibia los extremos para sentir un poquito menos, esa insulsez que deja que nos conformemos.
Ojalá también cambie el paradigma –o valla a saber quien, que cosa…- y que el resultado esperado no sean voluntades cedidas.
Saludos, feliz 2010
Genial