El kirchnerismo y las elecciones

2009 Noviembre 20

urna

Un breve balance electoral del kirchnerismo podría decir: en 2005 duplicó en la provincia de Buenos Aires a su más cercana competidora; en 2007, en las nacionales, hizo lo propio también contra una mujer. Aquel 47% de los votos fue la cosecha de 4 años de crecimiento a tasas chinas, creación de empleo y el apoyo a una serie de medidas políticas impensadas unos pocos años antes.

 

En los días siguientes a la elección de octubre de 2007 fur parte de un breve debate la procedencia de esos votos. De dónde venían geográfica y socialmente. Mucho se dijo que CFK no había ganado en ninguna gran ciudad, excepto Mendoza capital y San Miguel de Tucumán. Los votos efectivamente provenían de los conurbanos de todas las grandes ciudades, de las ciudades y pequeños pueblos de todo el país (eso que genéricamente se llama el interior o el campo) y de las dos ciudades capitales mencionadas arriba. La distribución provincial marcaba una fuerte concentración en las provincias del NEA y del NOA, de la Patagonia, Cuyo y de la provincia de Buenos Aires.

 

El kirchnerismo, que había llegado muy azarosamente al gobierno en 2003, basó su contrato social y político en la reconstrucción de un nuevo ordenamiento nacional. Estabilidad macroeconómica, crecimiento, creación de empleo y una serie de iniciativas políticas que se asentaron en ejes sobre los cuales una parte de la sociedad ya venía trabajando previamente: DDHH, la Corte, la política de integración regional, etc. También una parte del clima político favorable se lo debió a la alianza que aquel gobierno había entablado con algunos grandes medios, específicamente con Clarín, alianza que ya a fines del gobierno de NK se iba destejiendo, para explotar finalmente en el gobierno de CFK.

 

En el 2008, el kirchnerismo se encontró en una situación “nueva”. La puja económica con la mesa de enlace, pronto se convirtió en una puja política que articuló a todo el abanico opositor, así como a constantes desgajamientos que fue sufriendo el bloque de gobierno. Tras la derrota con el anecdótico “voto no positivo” el kirchenrismo había perdido su capacidad arrolladora de ganar los conflictos en los que se metía.

 

Ese conflicto tuvo implicancias enormes desde lo político con la pérdida de la simpatía de muchos votantes del 2007; también, los cuatro meses que duró resintieron la actividad económica, frenándose el crecimiento a tasas chinas y creciendo la inflación. Además, a fines de ese año estallaría en los países centrales la crisis financiera internacional, que en nuestro país se sintió con profundidad en el primer semestre de este año.

 

A grandes rasgos, así llegamos al 28 de junio: un gobierno que si bien había recuperado cierta iniciativa política a partir de la reestatización de las AFJP, no podía ocultar el desgaste sufrido tras el conflicto agrario, sumado a casi un año y medio de desaceleración contundente del ciclo económico expansivo, dos aspectos claves para entender los resultados electorales del 2009

 

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2009 está terminando, y si bien faltan cerca de dos años para las elecciones, ya se presagia un 2010 a toda máquina, ni que hablar un 2011…

 

El clima político es de fin de ciclo, ahora bien, con tanto tiempo, con perspectivas de crecimiento económico interesantes para los próximos dos años, parecería que la situación económica se apresta favorablemente al gobierno. Es seguro que eso no alcanza, tras dos gestiones y el conflicto con el campo, el desgaste es mayúsculo. También es seguro que eso no es para nada poco. Alfonsín, Menem y De la Rúa, sufrieron grandes reveses electorales con formidables crisis económicas. Por el contrario, cuando un proyecto encontró continuidad a partir de una reelección se dio en un contexto de crecimiento y de cierta estabilidad.

 

Si a grandes rasgos, una buena administración de la macro así como un crecimiento al 4 ó 5% es más que probable, el gran problema que aún enfrenta el gobierno para su continuidad está en la política: el buen manejo económico es sólo –no es poco, pero no es suficiente- condición de posibilidad.

 

En los dos primeros años de Kirchner, sus dos mejores años, dos aspectos fueron claves: la minuciosa, continua y creciente instalación de su figura, por un lado, y, por el otro, la incorporación a su agenda de gestión de reclamos y banderas ajenas a su espacio político. El gobierno de CFK, sobre el primer punto tuvo la complicación (seguro) involuntaria de cargar con el peso de la figura de Néstor Kirchner. Sobre la incorporación, recién tras el 28J comenzaron a aparecer algunas iniciativas en ese sentido como los proyectos de asignación universal y el de reforma política. En plena campaña electoral del 2007 algo de esto ya se había enunciado: Cristina hizo eje en la cuestión de la institucionalidad, casi el único eje de la oposición por esos días. Cuando la administración de las jubilaciones volvió a manos estatales hizo práctica esa idea: institucionalizar significaba, en sus palabras, darle mayor calidad política a una medida necesaria, a partir de una ley.

 

Tras la derrota electoral de junio, y la derrota del conflicto del campo, el kirchnerismo tomó nota sobre cómo manejar las disputas: la reestatización del sistema de jubilaciones y la ley de medios, políticas con alcances y consecuencias mucho más profundos que la imposición de retenciones móviles, salieron casi por un tubo.

 

Sin embargo la obstinación por mantener una política de control de precios ineficiente, sumado a la descredibilidad del INDEC, continúa de forma casi incomprensible. La picardía de birlarle una buena tajada a los acreedores de los bonos que se ajustan por inflación, conlleva un desgaste del capital político, mes a mes, de un gobierno necesitado de ese capital, entre otras cosas para pararse desde una mejor posición frente a esos tenedores de deuda.

 

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Una mención a lo regional. En la argentina mucho gusta comparar el gobierno nacional con otros gobiernos; Tabaré, Lula y Bachelet han sido los ejemplos más utilizados. La oposición al gobierno de CFK ha construido de esas gestiones una mirada mítica, de países sin conflictos en donde los distintos sectores políticos aprendieron de los beneficios de las políticas de estado asépticas. Más que políticas de estado en esos imaginarios serían las continuidades de gestión y la no existencia de conflicto. La realidad dista mucho de eso, basta con leer sus diarios semanalmente. Al margen de ello, dos cuestiones merecen ser mencionadas. Lula y Bachelet comenzaron sus mandatos de muy mala manera, el primero con una pésima performance económica y con grandes casos de corrupción que le costaron la cabeza a importantes funcionarios de primera línea, y la segunda con el conflicto del Transantiago.

 

Ambos dejarán sus gobiernos, todo indica, con altísimas imágenes positivas pero sin poder garantizar que sus espacios políticos continúen en la gestión. Mucho de esa imagen se basa en que han radicalizado sus políticas sociales a través de planes de ingreso directo para las mayorías más vulnerables de sus países. Algo de eso se está viendo en la argentina a partir de las políticas tendientes a incluir a más jubilados en el sistema, aumentar la llegada de las pensiones asistenciales, así como con la extensión de la asignación universal. Sin embargo una diferencia clave entre esos países y el nuestro radicó en la problemática de la inflación. Mientras que en los primeros fue contenida de forma exitosa, acá, en los últimos años, superó los dos dígitos muy fácilmente. La inflación no sólo como problema para los agentes económicos, para la generación de expectativas, es un problema social y político, por su capacidad erosionadora de acertadas medidas redistributivas.  

 

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A partir de marzo del año próximo un nuevo escenario será parte de la geografía política nacional. Un parlamento en donde el kirchnerismo carecerá de de muchos votos, en la antesala de un año electoral, presagian novedades para la política nacional. La oposición que tras su triunfo en bloque frente al kirchnerismo en junio no supo en particular cómo capitalizar esa elección, parece desconcertada: sus únicas certezas políticas giran en torno al no abordaje exitoso por parte del gobierno de la inseguridad y la corrupción. Mucho más no hay por ahí. 

 

Una consistente política de crecimiento económico sumado a una expansiva política social pueden ser las herramientas desde las cuales el proyecto de “un pingüino o una pinguina” puedan tener continuidad, recuperando la fe de los conurbanos perdidos en el 2009. Como ya se dijo, esto tampoco es garantía. A modo de consuelo, el piso muy alto que le puso el kirchnerismo a la política nacional, en una situación de retirada, puede traducirse en la identificación de símbolos políticos de una resistencia en el llano.

Para cualquier resultado, sin embargo, falta una eternidad.

5 Comentarios deja otro →
  1. 2009 Noviembre 20
    DanielGB permalink

    La descripción de eso que se suele llamar ciclo kichnerista es preciso y coincido con gran parte de lo expresado.
    Ahora bien, moviendo un poco el eje, agregaría que el kichnerismo se presenta, a mi entender, como un “proyecto” político que luego de una serie de acierto (que se detallan en el post) no comprendió la lógica de la continuidad y la construcción de poder en la política. En términos tenisticos cometió una serie indefinida de “errores no forzados” , que lo llevo más temprano que tarde a un declive a esta altura irreversible.
    En síntesis: Desde un magro 22% logro alcanzar ese 47% de adhesión y con esa legitimidad construyo poder. Luego, como en el cuento de Fontanarrosa(Memoria de un utilero), lo destruyo.
    Tuvo poder. Mas luego no supo que hacer con él.
    Pero claro, el kichenrismo tiene una a favor: La Oposición

  2. 2009 Noviembre 23
    memo permalink

    sí, es verdad. pero, qué es la oposición presidenciable? macri y cobos. por lo menos hoy pareciera que se termina ahí. a mauricio no se lo ve muy bien, y cobos está siendo muy pillo, esquiva cualquier quilombo, no levanta practicamente la perdiz para no desgastarse y como dice natanson agarró por la autopista del consenso light ahístorico y abstracto. entonces, para el kirchnerismo qué hay? creo que aún falta mucho, el clima, hoy, parece irreversible, sin dudas. pero falta mucho, y un buen marco económico es un punto de partida nada desfavorable. hay que ver…

  3. 2009 Noviembre 23
    Fede Vázquez permalink

    Buen análisis Memo. El crecimiento económico, el 30% de votos, etc, lo ponen al kirchnerismo como posible elector de su sucesor. Pero no creo que le de para que salga de las propias entrañas. La salida pasa por ahí: un año y pico para construir un candidato que esté en el límite fronterizo del gobierno, y con el cual pactar la salida y -más importante- asegurar la continuidad de las políticas. La última gran obra kirchnerista tiene que ser que su salida no sea por derecha.

  4. 2009 Noviembre 23

    Está bueno para pensar: si el kirchnerismo va a ser el elector de su sucesión, ¿cuánto de eso le sirve para armar una coalición en el Congreso? (insistente, con el tema). No, elegir al próximo también es un recurso de poder para ir construyendo estos dos años que quedan.

  5. 2009 Noviembre 24
    Federico Vázquez permalink

    Rossi, en un reportaje tiró alguna línea, decía algo así como: “existen dos tipos de acuerdos en el congreso, los que de leyes de gestión -dónde acordamos con los que gobiernan- y las leyes ideológicas -dónde acordamos con el centroizquierda-. No creo que el 2010 sea un año fuerte de leyes de gestión, las necesarias ya las tenemos”. También agregó que el primer trabajo de Néstor en el congreso sería para una nueva ley de Entidades Financieras. La verdad es que no sé cuanto más puede fugar hacia delante por izquierda el gobierno, pero parece que es la onda del verano. También es lógico, si lo que quiere es que no cristalice UNA oposición mayoritaria que pueda sacar leyes todas las semanas, que impulse proyectos que armen quilombo al interior PS, Stolbizer y el SI.

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