Argentina: volver a las coaliciones circunstanciales

2009 Noviembre 10

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¿Hay una alternativa a la reforma política propuesta por el kirchnerismo? Hay que preguntárselo. Quizás no sea necesario simplemente reestablecer el bipartidismo. La idea básica consiste en lo siguiente: el bipartidismo garantiza la gobernabilidad. Es un hecho empírica y teóricamente fácil de argumentar: un gobierno es elegido directamente con el aval legislativo necesario. Sin embargo, la existencia de presidencialismos no significó, al menos en América Latina, procesos de bloqueo absoluto del régimen, ingobernabilidad subsiguiente y abandonos prematuros del gobierno. América Latina está repleta de casos de sistemas de partidos fragmentados con presidencialismos que duran en el tiempo. Nada menos que Brasil y Argentina lo demuestran. ¿En qué se funda esa consistencia institucional? En la formación de coaliciones de gobierno, en una herramienta casi parlamentaria. Con una forma de construcción, eso sí, diferente. Las coaliciones en los presidencialismos se construyen a través de diversos mecanismos: desde ideológicos hasta materiales, desde repartición de cargos hasta interpelaciones ideológicas.

El presidencialismo con fragmentación partidaria presenta la posibilidad abierta del bloqueo decisional. Sin embargo, ese no ha sido el caso: desde el fin de las dictaduras de los 70 y 80 en adelante, las democracias latinoamericanas han sorteado ese escenario conservando la estabilidad democrática. La explicación que arroja Daniel Chasquetti en su trabajo “Democracia, multipartidismo y coaliciones en América Latina: la difícil combinación“, es la siguiente: el presidencialismo con alto grado de fragmentación partidaria resulta altamente riesgoso allí donde el Poder Ejecutivo no lleva adelante una estrategia de cooperación, es decir, un proceso de construcción de una coalición que le permita garantizar la gobernabilidad.

A partir del 11 de diciembre de este año, el partido de gobierno en la Argentina dejará de contar con quórum propio en la Cámara Baja. La elección del kirchnerismo ante esa situación ha sido la de intentar un proceso de reforma política por medio del envío de un proyecto de ley al Congreso, a través del cual intentará subir los requisitos para la conformación y sostenimiento de los, hay que decirlo, excesivos partidos políticos (33 partidos nacionales y 653 partidos distritales). Las últimas elecciones en Argentina dejaron un saldo negativo para el Gobierno, y la composición del próximo Congreso reflejará ese resultado. Ante esa situación, el Gobierno ha decidido intentar construir un esquema diferente del sistema de partidos, a través de la discusión de este proyecto de ley de reforma política, que en todo caso mostrará sus resultados o no recién en las próximas elecciones presidenciales del 2011.

Mientras tanto, la fragmentación del sistema de partidos continuará siendo un dato de la realidad frente al que el Gobierno deberá actuar. Quedan por delante dos años con un Congreso que exige la formación de coaliciones circunstanciales, puesto que la gran cantidad de partidos representados en el Parlamento junto a una situación de indisciplina partidaria luego del colapso del sistema de partidos post 2001, no permiten pensar en un escenario de alineamientos automáticos y sostenidos en el tiempo. La experiencia en este tipo de armados ha sido adquirida por el kirchnerismo frente a la necesidad de votar algunos proyectos previo a la futura recomposición del Congreso. Proyectos como las facultades delegadas (que permiten al Ejecutivo, entre otras cosas, fijar las retenciones a las exportaciones agrícolas) o la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual contaron no sólo con el apoyo de la bancada oficialista, sino con el aporte conseguido por medio de la negociación parlamentaria de fuerzas de la centroizquierda. Si la apuesta a largo plazo del kirchnerismo es la reconstrucción del viejo esquema bipartidista, lo cierto es que los incentivos institucionales antes de que ese proyecto de ley pudiese entrar en vigencia, le permitirán al Gobierno experimentar con otra forma de construcción parlamentaria, que implique sentarse a negociar con los diferentes espacios representados que estén dispuestas a hacerlo (abundan, de todas maneras, los casos de las fuerzas opositoras cuyo accionar consistirá en bloquear cualquier iniciativa oficialista por el sólo hecho de serlo).

De esta manera, tal vez los dos años previos a la puesta en marcha de una posible reconstrucción del bipartidismo, obliguen al kirchnerismo a volver a su época más virtuosa, donde el escaso apoyo electoral (fruto de que el ex-presidente Menem decidió no participar del ballotage, provocando que Néstor Kirchner asuma con un 23% de los votos) vino a ser sustituído por la construcción de un espacio más amplio, con interpelaciones ideológicas y materiales a diferentes sectores, tanto dentro como fuera del Congreso. Quizás el desafío del Gobierno y de la oposición en los próximos dos años sea, entre otras cosas, demostrar que no necesariamente la democracia presidencialista exige un rígido sistema bipartidista, sino que puede procesar de manera democrática una pluralidad de intereses sectoriales. Volver al esquema de la centralidad del peronismo reconstruído por Néstor Kirchner, en alianza con los espacios de la centro izquierda, tal vez sea la apuesta en lo político que permita, junto a la regulación de los partidos, recrear la mejor época del kirchnerismo.

4 Comentarios deja otro →
  1. 2009 Noviembre 12
    Federico Vázquez permalink

    De acuerdo Tomás.
    Ahora, pregunto, el gobierno parece muchísimo más dispuesto a mantener esa alianza circunstancial en las fronteras del congreso, no más de ahí, no? El complemento lógico de una “coalición” sería también brindar espacios de poder en distintas áreas del ejecutivo y el Estado, que haga que ese acercamiento no tenga que empezar de nuevo en cada votación de ley. Si, ya sé, si ésto lo lee Néstor ya se está tirado en el suelo cagándose de risa. Pero…¿óomo se evita que con el avance de los tiempos políticos, esas mínimas alianzas parlamentarias no se vuelvan agua en el desierto, a medida que ese centroizquierda esté pensando en las elecciones? O sea, sintéticamente: el problema que le veo hoy a la coalición gobierno-centroizqierda, es que sólo una parte -el gobierno- la ve como una alianza de largo aliento, para Proyecto Sur, el PS, SI, etc, son coincidencias anecdóticas que que tuvieron con un gobierno al que perciben como completamente ajeno. Por ahora son sólo distintas percepciones que no afectan mucho a la “realpolitik”, pero en un tiempo creo que va a ser distinto. Qué opina licenciado?

  2. 2009 Noviembre 13

    ¿Hasta dónde está dispuesto a ceder espacios el Gobierno? Bueno, eso va a depender de cuán mal le vaya en el Congreso, hasta dónde necesite los apoyos. Pero eso tiene un correlato en la otra pata que vos mencionás: hay que construir con los partidos que estén dispuestos a hacerlo. Se acabó la joda, también, para la oposición: el que quiera venir a laburar en serio (¿el EDE?), que venga, y el que no que siga con el apoyo crítico y a tratar de convencerlo votación a votación (acorralarlo por izquierda, como a Lozano). Hasta que se le acabe la paciencia a Néstor, que puede pasar muy pronto, también.

  3. 2009 Noviembre 13
    DanielGB permalink

    A mi entender urge una reforma política que limite la existencia de partidos sellos, cuyo único objetivo es formar parte de alianzas electorales que les permita participar de estas y luego cobrar el dinero que se les destina por ley (y conozco dos casos de este tipo de partidos, digamos unipersonales). Del mismo modo, una limitación de este tipo reduce la tensión representación-consenso. Por que esta bueno que todos tengan un representante en el congreso, pero es imposible impulsar consensos son 30 monobloques.
    En lo concreto, no me parece errado que las coaliciones del gobierno se mantengan dentro de legislativo, una cosa es hacer participe a un sector de las modificaciones de la leyes y otra muy diferente es co-gobernar.
    Y sí, puede ser que las alianzas terminen siendo pasajeras. Pero, caso contrario, permitirían obtener gestión consensuada y dar espacio para construir a largo plazo (si votamos juntos 20 leyes no podes decir que no estas en condiciones de formar parte de una alianza electoral) O sea, al revés de que como se hace (primero la alianza y luego votar juntos)
    Igual, como es público, en el kichnerismo no hay espacio ni para los propios, mucho menos para los ajenos. Así que, difícil que el chancho chifle.

  4. 2009 Noviembre 14
    Nicolas Camargo permalink

    Amig@s:
    Les escribo porque antes de que la página se callera yo colaboraba desde Colombia con ustedes, Cristian resivía mis artículos. Ahora que vuelven a levantar la página quisiera seguir ayudando con NdS…. Espero su respuesta!!!

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