Mercosur: todavía somos puertos mirando al Atlántico

2010 Julio 8
puerto buenos aires

Puerto de Buenos Aires según el Google Earth

Desde mayo de 2003, la definición de la dirección política de la Argentina eliminó una gran incertidumbre para el Mercosur. Recordemos: en 2002 Lula agarraba el timón de Brasil y consolidaba la estrategia de construcción regional, donde su sociedad con Argentina era vital. Pero por estos lares estábamos aún inmersos en el cataclismo político-social-económico de la pos convertibilidad y Menem, que ganaba la primera ronda de las elecciones en abril de 2003, no aparecía como un socio político ideal para llevar adelante la profundización del Mercosur. Por el contrario, la idea de la dolarización, de un tratado de libre comercio con EEUU, entre otras, eran agendas esperables después de un hipotético tercer triunfo del riojano.  A Lula no le queda otra que esperar la resolución política argentina. A veces es bueno reconstruir las coyunturas pasadas, para evitar el relato unilineal y teleológico de los procesos históricos. Las cosas podrían haber resultado distintas a como son hoy. Sin embargo, Kirchner accede a la presidencia y, a pesar de una inicial tensa relación personal con Lula, la estrategia de construir una alianza política con Brasil se consolidó.

Esa alianza política se mantuvo durante estos ocho años de gobiernos kirchnerista y lulista, pero el estudio del intercambio comercial entre Brasil y Argentina durante los últimos años, muestra que esa interacción política se vio tibiamente reflejada en los números económicos. Las más recientes estadísticas comerciales del Mercosur aportadas por la Cancillería, señalan las dificultades por complementar las estructuras económicas de ambos países.

El dato tal vez más notable es que a casi veinte años de la firma del Tratado de Asunción, el comercio total al interior del Mercosur no supera el 15%. Para dar una idea de lo magro que es el número, basta con identificar que es el mismo porcentaje que los cuatro países miembros comercian con el lejano NAFTA –EEUU, México y Canadá-, por ejemplo. El intercambio de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay con Asia (sin contar el Oriente Medio) representa el 17% de su comercio total, dos puntos más que el alcanzado puertas adentro del Mercosur.

Sin embargo, el volumen de exportaciones e importaciones al interior del Mercado Común del Sur creció entre 2003 y 2008 un 156%. Pero en un contexto de gran crecimiento económico regional y de aumento de precio las exportaciones de bienes primarios, ha sido aún más el desarrollo del intercambio con la zona extra Mercosur.

En números totales, los miembros del bloque comerciaron con el resto del mundo casi 450.000 millones de dólares, mientras que hacia adentro lo hicieron por 80.000 millones. Ambas cifras son del 2008, antes del estallido de la crisis internacional. La diferencia es tan abrupta que es entendible que el proyecto de integración aún cuente con enemigos internos en cada país, que prefieren engancharse al proceso de globalización en forma solitaria. En la medida que el intercambio al interior del Mercosur se acerque más al 50% que al 15%, los socios objetivos de la ansiada integración  regional aumentarán en la misma proporción.

Los números de 2009 que ya computan la caída del comercio global por la crisis financiera del primer mundo, profundizan la misma lectura: si bien el intercambio con la zona extra Mercosur bajó considerablemente (se vendió y se compró al mundo un 22% menos que durante 2008), lo hizo en exacta paridad con la caída del comercio intra Mercosur (también un 22%). Tenemos entonces que la crisis económica global, si bien fue atenuada por cada una de las economías domésticas, golpeó fuerte al proceso de integración comercial. El Mercosur como zona de intercambio productivo no pudo constituirse en una vía alternativa para sus miembros, donde colocar las producciones que no se vendieron afuera. Haciendo una comparación con las economías nacionales, se podría decir que el “mercado interno” del Mercosur no es aún un refugio o una palanca cuando falla el “mercado externo”.

¿Qué conclusión puede sacarse? Una no lineal, en principio. Ni el Mercosur está muerto, ni es todavía el motor de las economías que lo componen. A pesar de la decisión política de los gobiernos de profundizar la integración, las cuatro economías (con diferencias notorias, claro está) mantienen la dinámica de crecimiento hacia afuera, exportando e importando el 85% de los bienes, a y desde países ajenos al bloque. Una lección posible parece ser que los doscientos años de políticas fragmentadas y aisladas, de espaldas a nuestros propios vecinos, no se borran por acumulación de cumbres presidenciales, ni gestos de amistad. Esto que parece una crítica, se vuelve la conclusión necesaria para redoblar esfuerzos dentro de rumbo actual, pero buscando dónde es necesario hacer tangible el bienintencionado discurso integrador.

A modo de posdata a favor de la política: más allá de los Sadous que habitan este mundo, es necesario resaltar la importancia económica que tienen las alianzas políticas. El ejemplo de Venezuela es insoslayable. Un país que  si fuera por destino del libre mercado sería absolultamente marginal en el intercambio comercial con Argentina. Sin embargo durante 2008 Argentina exportó 1400 millones a ese país. Cifra que cobra relevancia si la comparamos con los cercanos 1764 millones que exportamos al limítrofe Uruguay en el mismo año. (más…)

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